- Eran doce rugidos, que en el
viento,
- eran doce llamadas por el
advenimiento del apóstol mentido,
- del falso redentor, el corazón
de Judas, las barbas del Señor.
-
- Muy poco sabe el hombre de las
cosas arcanas
- al descifrar mensajes de bronce
en las campanas.
- Así sorprende el monstruo que
ante todos se asoma,
- y trae sobre los hombros, una
blanca paloma.
- Hombros del más ruin
escarabajo,
- jamás una paloma se posó tan
bajo.
-
- Ciega las multitudes, le siguen
con afán,
- las multitudes, nunca saben a
donde van,
- buscan del paraíso perdido las
virtudes,
- ¡oh! trágico espejismo para
las multitudes.
- Virtudes que quisieran hallar en
un encuentro,
- buscándolas por fuera, sin
buscarlas por dentro.
- Sin saber que las plantas se
cubren de matices,
- porque hay aguas muy hondas, que
bañan sus raíces.
- Y que las multitudes que olvidan
sus virtudes,
- engendran un tirano para las
multitudes.
-
- Ese tirano .. ese .. que llega
de repente con la paloma al hombro,
- y un reptil en la frente.
- El que de pueblo en pueblo va
sembrando la ira,
- el odio, el exterminio, la
infamia y la mentira;
- El que todo lo roba, ambicioso y
rapaz,
- a los ricos sus bienes, y a los
pobres la paz.
- El que le llama hermano soldado
en ocasiones,
- al que después enfrenta contra
los paredones.
- El que hablándole a un pueblo
de sus grandes verdades,
- le cercena de un tajo, todas sus
libertades.
- El que diciendo: ¿Armas
para que?,
- al final hace de cada casa un
pequeño arsenal.
- El que iza una bandera roja,
totalitaria,
- Por sobre la que luce la
estrella solitaria.
- El que aparta a los niños de
Martí y Maceo,
- y una hoz y un martillo, les
brinda por trofeo.
- El que no los prepara para ser
ciudadanos,
- por que los quiere serviles, los
quiere milicianos, delatores,
- que entreguen hasta su propia
madre,
- como Él, que no respeta ni la
tumba del padre.
-
- Así sacia sus sedes en la
sangre que estanca,
- el diabólico monstruo de la
paloma blanca.
- El que bajó a los llanos desde
la abrupta sierra,
- para inculcar el odio, para
sembrar la guerra.
- El que de las infamias marchará
siempre en pos,
- enemigo de todos, enemigo de
Dios.
-
- Señora .. por la sangre del
hijo derramada,
- pon tu mano divina en la Patria
angustiada.
- Perdonalos, ¡oh Madre!, si te
olvidan aquellos que más te necesitan.
- Tú no te olvides de ellos,
Virgencita del Cobre, nuestra Santa Patrona.
- Perdona y enseñanos a todos a
perdonar,
- que un día cuando florezca el
huerto de la filantropía,
- cuando bajen las aguas de la
ruda tormenta,
- cuando en la tierra ruda se
proyecte irredenta,
- la cruz .. la cruz aquella de la
crucifixión,
- regresaremos todos, al amor, al
perdón.
-
- Haz el milagro Virgen, irrumpe
en las corolas,
- como la vez aquella que
surgistes en las olas.
- Haz a los malos buenos, y a los
buenos mejores,
- como haces en la sombra, brotar
los resplandores.
- Que cuando tus bondades, nos
envuelven en luz,
- eres más Madre del Señor en la
cruz.
- SALVA A CUBA, SEÑORA DEL AMOR
VERDADERO,
- QUE HOY ES CUBA, ... LA PATRIA,
- QUIEN SANGRA EN EL MADERO