La Conciencia - También es Gris ------ 96
En cubierta, muestra del buen entrenamiento que tenía la tripulación, se veían ya a varios marinos en la tarea de inflar el bote de goma. Henry, que desde ese momento sabía del éxito de la misión, dependía reparar en parte el prestigio de la Nación, aguardó a que saliera el último de sus hombres; y luego formándolos en semicírculo, los miró de arriba abajo, como si tratara dé captar algún detalle por insignificante que fuera. Al finalizar, satisfecho de que las ropas no lucían nada de brillo; y de que todos tenían sus capuchas negras, sonrió. Entonces, para cerciorarse de que lo imprescindible estaba en orden, comenzó a preguntar: ¿Ropa civil? Sí señor respondió uno de los comandos. ¿Los tres envase de pintura y las caretas antigás? Las tengo, señor Afirmó otro de los recién llegados al grupo ¿Radios portátiles y el de onda corta? Aquí Corroboró un tercero. Toledo, ¿maletín de herramientas y el Walkie talkie? El aludido asintió con la cabeza. ¿Carnet, explosivos?... Al concluir con la lista, formuló la interrogación que a través de los tiempos, otros hombres en situaciones similares habían enmarcado para la inmortalidad: Bien, ¿alguna pregunta? Nada, sólo silencio. Le agradaba la gente de acción; los que no compraban venado. Bueno, adelante Y afirmando la expresión, se precipitó escalerillas abajo. Subir al bote y Julián poner el motor silencioso en marcha, fue cuestión de segundos. Y lentamente, transportando a los siete comandos que aun a riesgo de sus vidas, iban con la firme decisión de salvar otras, la balsa comenzó alejarse del sumergible. En la distancia, empañada por la oscuridad, empezaban a perfilarse los contornos de la costa sur cubana.
Alcanzar el punto de infiltración con ayuda de los prismáticos infrarrojos y la foto del satélite, no fue problema; y ya a unos escasos metros del litoral, dos de los comandos que tenían ropas impermeables, se lanzaron al agua y halando el bote, lo condujeron hasta encallarlo en la arena. El primero en saltar fue el Agente, y en cuclillas esperó que bajará el último. Al tenerlos a su alrededor, señalando hacia los dos hombres ranas: Quítense la ropa impermeable y entiérrenla con la balsa, que por esta vía no hay regreso Y a continuación Henry sacó el cuchillo y lo hundió en el caucho de la embarcación. La operación de abrir el hueco duró pocos minutos, y apenas terminaron de cubrirlo junto con el motor, partieron tierra adentro; después de andar un trecho, giraron hacia la derecha. Mientras continuaban adelantando por el cenagoso camino, Henry pensaba que la resolución de enterrar el bote había sido la mas acertada, pues no obstante la vigilancia ser escasa en esa zona, ya que la mayor parte de su poderío militar la dictadura lo tenia desplegado a lo largo de la costa Norte, dedujo que sí por una de esas casualidades la pudieran haber descubierto entre los arbustos, pues como el próximo objetivo estaba relativamente cerca, se podía consecuentemente malograr la misión.