La Conciencia - También es Gris ------ 95

Y para reafirmar sus dudas, concluyó: —Porque te digo: a mí no me hacen el cuento de que son defensivos— En ese momento a causa de las interrogantes planteadas, el grupo calló, el chisme era mas importante que la diversión. Sonriente, indicando que le agradaba la opinión que su compañero de tantas aventuras tenía sobre él, se levantó, y sacando un cigarrillo que sabía no podía encender: —No Julián, no me pongas en el plano de los inteligentes. Hace un rato Henry y yo intercambiamos impresiones sobre este asunto, y te puedo asegurar que aunque parezca una operación descabellada, o mas bien, en apariencia complicada, en si es simple. Lo que sucede es, que si unes un hecho sencillo con otro más, y así sucesivamente, llegas a un punto en que el factor principal parece enmarañado. Fíjate que el objetivo de ese puerco, por su locura, o cualquier otro motivo que desconozco, era apoderarse de una parte del cayo para negociarla por la Base de Guantánamo. En ningún momento él ha tenido la intención de entrar en guerra; por eso es que sus aviones no atacaron tierra firme; es más, las declaraciones que constantemente pronuncian las emisoras de la Isla, lo dicen bien claro. Ahora, si apartamos lo de la aviación, que aunque Henry dice que era para darle cobertura a los paracaidistas; y yo me inclino a pensar que lo hizo para darle teatralidad al asunto, pues estoy seguro lo mismo le daba que capturaran cien rehenes como mil; nos quedamos con el hecho principal, o sea, la cuestión que abarca toda la atención. Y la respuesta en un simple ciudadano de California, New York o Chicago, sería comprensible que no la supiera dar, o quizás ni la entienda; pero tú, que tienes los huevos arrugados de tanto navegar por el Cayo: coño, Julián ¡que no se diga!, si por ahí han metido hasta elefantes ... Bueno, no te rías, es un decir; pero tú sabes bien lo fácil que es— En ese instante al escuchar la voz de Henry que ya traspasaba el marco de hierro; Toledo se calló. —Si, nosotros de tanto mirar a la montaña, no vimos el arrecife que teníamos en frente, y ahora estamos siendo el hazmerreír del mundo. Pero bien, dentro de media hora desembarcáremos, así que estén listos

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La luz, claro indicio que el submarino estaba a nivel de superficie, comenzó a pestañear. Rápido, revelando la costumbre de haberlo hecho en infinidad de ocasiones, el marinero le día vueltas a la rueda que abría la compuerta y empujándola hacia arriba, subió por la escalerilla que conducía a la torre de mando. Detrás ascendió el Agente seguido por los demás integrantes del grupo.

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