La Conciencia - También es Gris ------ 94
Emergido, partiendo con su proa las azules aguas del mar Caribe, el submarino avanzaba a moderada velocidad; parecía no tener prisa por alcanzar su objetivo. En su interior, además de la dotación regular, en una de las secciones dedicadas a dormitorios, el grupo comando reprimía a duras penas la risa que le causaba el cuento de Papo: — .... .y Pepito fue hasta la pizarra, cogió una tiza y escribió: "Pepito la tiene grande". Figúrense, al poco rato cuando la maestra llegó y vio aquello, encabronada se viró hacia los alumnos, preguntando quién lo había hecho. Pepito, que cómo ustedes saben, la única cualidad que tiene es ser cívico, levantó la mano, "Fui yo, profesora". "Pues bien, en castigo te quedaras aquí hasta las seis". Efectivamente, a las cuatro todos los alumnos se fueron, y se quedó Pepito con la maestra. Al otro día, un grupo de esos muchachos jodedores lo esperaban en la puerta del colegio, y tan pronto lo vieron aparecer, comenzaron a gritar: "Pepito se quedó castigaaado, Pepito se quedó castigaaado". Cuando Pepito llegó adonde estaba el grupo, con esa cara de cabroncito les dijo: -"Sigan comiendo mierda, y no se anuncien en la pizarra"— El comentario no se hizo esperar, uno del grupo con la cabeza fuera de la litera: —Coño Papo, ese cuento es mas viejo que andar a pie— Y como si todos estuvieran de acuerdo, se pronunciaron en alegres carcajadas. Así, de esa forma, aquellos hombres que sabían la tarea a cumplir era sumamente riesgosa, pues indiscutiblemente que iban al encuentro de circunstancias que a cada momento les podía ocasionar la muerte, dejaban que el tiempo transcurriera entre chistes y anécdotas. Claro, tenían temor, quién no; pero ese sentir, que en cualquier mortal a medida que se aproxima el hecho le va presionando los nervios, en ellos por esa mezcla de ideales, profesionalismo, costumbre de estar envueltos en la lucha, se manifestaba en relajar la tensión; y en algunos, por supuesto, aparentar valentía. Julián, que se encontraba recostado en uno de los camastros de abajo, aun con la risa que se prolongaba a consecuencia de los distintos comentarios que seguían haciendo con referencia al cuento de Papo, se volvió hacia Toledo, y dando un giro de ciento ochenta grados, le manifestó: —Toledo, en este asunto hay una serie de cosas que no acabo de comprender, y tú por estar cerca del Americano las debes saber, o por lo menos entenderlas mejor. ¿Cómo es posible que esa gente se metiera casi dentro de la Base Naval, y porque ese miserable en vez de mandar los aviones, no disparó los cohetes que tiene instalados?—