La Conciencia - También es Gris ------ 93

Pero ahora por esa misma ejecutoria, el asunto se complica, pues tendré que ir..."-) Y sin mas cavilaciones, lanzó un fuerte puñetazo al rostro del individuo. Toledo que terminaba de hacer el segundo intercambio con Papo, lo interrogó: —¿Y ahora qué?— Demostrando sobrada inteligencia para salir de los atolladeros, Henry le ordenó: —Coge el cuchillo de éste y úntale un poco de sangre del que está en el otro mundo; también mánchale las manos. Ah, pégale unos cuantos golpes al muerto, y rásgale la camisa— (-!Coño!-) Pensó Toledo, (-"primera vez que hago esto; matar a un sicario dos veces y después caerle a palos"-) Mientras el cubano cumplimentaba la tarea, Henry extrajo del paquete una de las inyecciones, y abriéndole la manga al que derribara, le aplicó en el antebrazo un cuarto del líquido: (-"Así estaría durmiendo por unos diez minutos; después que procurara explicarle a sus jefes, por que habían peleado y matado a su compañero"-)

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De regreso a la Comandancia; satisfecho en parte, pues al menos lo sucedido en el callejón le había proporcionado la información que buscaba; cifró un mensaje para su jefe, donde le sugería, tal y como descontaba, que el viejo le iba a ordenar los pasos que ya él imaginaba tenía que seguir.

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Mientras, en la Casa Blanca la reunión de emergencia hacía una hora que había concluido. El Presidente, deseando no hacer la situación mas crítica, había cancelado por tiempo indefinido la comparecencia ante la prensa, y ordenado que sólo se emitiera por el vocero oficial del Departamento de Estado, un comunicados donde se manifestara que el Gobierno, por razones de seguridad y humanitarias, no haría comentarios por el momento. También para disponer de tiempo, le decretó al Secretario de Estado, que vía la Sección de Intereses en Cuba, notificara al régimen que estaban estudiando la petición. Poco después, cuando sentado en su despacho, ya con la firme decisión de que si las gestiones diplomáticas de otros gobiernos, o la que llevaban a cabo los hombres de la CIA, concluían en un total fracaso, el dictador comunista iba a conocer del poderío estadounidense; el piloto del teléfono verde encima de su mesa comenzó a pestañear. Los que aun permanecían en la habitación se pusieran atentos; percibían que era otra llamada de Dickinson. El Ejecutivo descolgó el auricular sin demora, y después de escuchar por unos minutos; —Está bien, tienen de plazo hasta las doce de la noche. Ni un minuto más— Colgó el teléfono y volviéndose hacia los presentes: —Señores, ya descubrieron el modo de contacto; vamos a ver si resulta

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