La Conciencia - También es Gris ------ 9
Arribó al aeropuerto Omar Torrijo alrededor de la dos de la madrugada, y después de la comprobación de pasaporte, y pasar por la aduana, se dirigió en taxi hacia el hotel. Por la mañana tan pronto se levantó, fue directo a la oficina de alquilar automóviles, y ya en posesión de uno, dio unas vueltas por la ciudad. Cuando estuvo seguro que nadie lo seguía, aparcó en una solitaria calle, abrió el maletín de mano, extrajo una calcomanía, y al verificar que el elefante pintado en el celofán le faltaba la cola, lo pegó en la parte de arriba a mano izquierda del cristal frontal. De nuevo puso el auto en marcha, y partió velozmente hacia la avenida Central. Ya en la principal arteria de la Capital, dio varias vueltas a la manzana, hasta que pudo estacionar frente a la expendeduría de periódicos y revistas; allí bajó y después de cerrar con llave, se encaminó acera arriba; al alcanzar la siguiente bocacalle, vio venir un taxi con el letrero libre, lo paró y le dio instrucciones al chofer que lo llevara a la compañía local de rentar autos. Hecho todo esto, regresó al hotel. Eran las seis de la tarde cuando el despertador le hizo tirarse rápidamente de la cama; tomó el maletín que había dejado recostado en la butaca, y después de colocarlo sobre la cómoda, lo abrió y extrajo el estuche de efectos personales; a renglón seguido se encaminó al baño. Luego de ducharse, envuelto aun en la toalla que utilizara para secarse, regresó a la cómoda, y sin perder un segundo, introdujo las dos manos en el maletín, y presionando la parte de atrás, descorrió la tapa de doble fondo; sacó la caja que traía oculta; a todas luces recién pintada de un color azul opaco; le quitó la tapa, y tomando la pistola que venía adentro, le comprobó el cargador. De nuevo repitió la operación para coger la diminuta grabadora; al tenerla apretó con la uña un botón, contó hasta cinco, empujó otro y accionándola otra vez, el aparato haciendo gala de su buen diseño, le reprodujo claramente la voz; satisfecho la colocó a un lado. Ahora poniendo sumo cuidado, separó la linterna de bolsillo que se encontraba pegada a un costado de la caja; la examinó, y seguro de que la tapa estaba bien enroscada, la dejó al lado del arma y la grabadora. Metió el estuche y la caja dentro del maletín, y después de pasarle llave, se dirigió hacia el ropero.