La Conciencia - También es Gris ------ 88
El gobierno cubano pretextando seguridad, tenía acordonadas todas las Embajadas, incluyendo la brigada rusa y los puertos del país. Pero el viejo espía no se dejaba amilanar por las circunstancias; en su mundo estaba habituado a enfrentar retos de por si más complicados. Siempre había una salida; lo que tenía que hacer era cambiar el cristal para observar los distintos matices... (-"Eso es; ya lo tengo"-), y decidido a poner en practica la idea: —¿Me permite Señor Presidente?— Al recibir la aprobación,. se volvió rápidamente hacia el Oficial de la computadora: —¿Qué modo de transmisión están usando los invasores para comunicarse con Cuba?— Sin dilación el operador ponchó varias teclas de la computadora, y casi al instante: —Ninguna Señor— —¿Como que ninguna?— Inquirió Dickinson algo sorprendido. —Sí Señor, después que derribamos el último avión enemigo, y se destruyeran los barcos que estaban afuera de sus costas, los monitores no han percibido ningún mensaje cifrado, sólo los que utilizan dentro de Cuba por medio de microondas— —Bien— Y con la mirada que solamente los cóndores cuando acechan a su caza, le podrían imitar: —Señor Presidente, si me autoriza a desarrollar este plan que he concebido, y el cual no interfiere con otros que puedan surgir en el transcurso de la reunión, creo que podemos solucionar el principal problema— —Adelante, ¿cuál es?—, lo interrogó el timonel de la nación.
Con las primeras luces del día; creación que pese a los sinsabores de la humanidad, señalaba que la vida no se detiene; Henry desde el helicóptero, contemplaba la extensa fila de vehículos que se desplazaban en ambas direcciones por la carretera US1. Hacía unos minutos que había recibido en la base aérea de Homestead, el escueto comunicado de su jefe: Averiguar sin poner en peligro a los rehenes, el medio de enlace que usaban los invasores con La Habana, y tenía carta blanca por orden del Presidente. Llevaba algún tiempo de vuelo, cuando a su ángulo derecho divisó la residencia; con suavidad presionó hacia adelante la palanca, y ladeándola en unos grados, hizo que el aparato se fuera acercando; hasta que al fin, demostrando una gran pericia, colocó la máquina a pocos píes de la piscina. Nada más abrir la portezuela, vio venir a Toledo, Papo y Julián; también se aproximaban otros tres que el viejo había sumado al team. Después de intercambiar saludos, como no disponía de suficiente tiempo para hablar sobre los sucesos acaecidos en la infiltración, o los que ocurrían en el Cayo; en camino rumbo a la casa les comunicó que Toledo y él iban a penetrar la zona en conflicto, y que recogieran el equipo, pues partirían en diez minutos.