La Conciencia - También es Gris ------ 83
Mientras la reunión presidencial se preparaba para iniciar las discusiones sobre las distintas opciones a seguir; las cuales, por las características que exhibían los hechos, se sabía que iban a ser sumamente polémicas, en el Sur de Florida la situación comenzaba a presentar síntomas de pánico o euforia, según la naturaleza de los diferentes centros urbanos. Ya las estaciones de radio y televisión, al igual que las de cable, habían quitado la censura "voluntaria"; sus locutores con voz para no alarmar a la población, trasmitían continuos boletines sobre los sucesos, recalcando que estos se circunscribían a una sección del Cayo, y que el Ejército tenía a los invasores rodeados. Pero por ese sentimiento, necesidad que manifiesta el ser humano de notificar a familiares y amigos cuando algo anormal sucede, el teléfono había hecho que la noticia se propagara de manera vertiginosa, desde que se escucharan los primeros disparos. Ya la carretera US1 procedente de los cayos rumbo Norte, se encontraba abarrotada de vehículos. Policías, guardias nacionales y los primeros contingentes de tropas, procuraban mantener la carrilera sur abierta; el trabajo de por sí era arduo, casi imposible de realizar.. Varias barricadas para contener el tráfico habían sido rotas; los automovilistas, casi todos en compañía de sus familiares, muchos aun en ropa de dormir, preferían enfrentarse a los cuidadores del orden, antes que morir, como lo habían visto en las películas, carbonizados por una explosión nuclear. Y era así, la agresividad e inconsciencia que a través de los años había demostrado el régimen cubano, y ellos por vivir en esa zona lo conocían bien; botes que arribaban con personas ametralladas, niños muertos por la sed, contrabando de drogas, éxodos masivos, y los comentarios que al pasar de boca en boca evidenciaban realidad, nadie les podía quitar de la mente que Cuba poseía cohetes atómicos, y dado el caso no tendría reparos en dispararlos. Por el cielo, desatando aún mas los ánimos de esa gente pacífica, se escuchaban continuamente los estruendos que producían a su paso las turbinas de los aviones militares. Tierra adentro, en los condados Dade y Broward, donde habitaban grandes núcleos de población, la situación aunque sin tanta presión, se manifestaba análoga. Los curiosos como siempre, comenzaban a formar grupos en las esquinas, y en los establecimientos que a esa hora se encontraban abiertos; otros, los más sensatos, aguardaban las noticias en sus casas, o bajo cualquier pretexto, pero nunca argumentando temor, se sumaban a la ya nutrida caravana que por las principales arterias, se dirigían al centro y Norte del Estado; alejarse parecía ser la consigna de estos conductores.