La Conciencia - También es Gris ------ 77
Fort Lauderdale,. ciudad en constante progreso, grandes y amplios hoteles., bien trazadas y limpias avenidas, acogida afable, insuperables playas calentadas todo el año por el astro rey, a pocos minutos de la metrópolis internacional Miami, y de las demás zonas turísticas del Estado de la Florida; estaba proyectada en sitio ideal para el esparcimiento o el negocio. En los tiempos de estudiante, por ese reguero de pólvora que se manifiesta en la juventud cuando mistifica algo; en cada vacación había soñado compartir con los miles de estudiantes que se reunían una vez al año; pero las circunstancias nunca se lo permitieron. Ahora estaba allí, parado en el balcón frente al mar, recibiendo la suave brisa del Atlántico. Con la mirada recorrió la playa, no había algarabía, bullicio, el tropel de bikinis pelotas en mano correteando por la arena; sólo tranquilos turistas que disfrutaban del sol mañanero. Levantó la vista, y fijándola en uno de los veleros que navegaban en la distancia: (-"Será que me estoy poniendo nostálgico y por eso estoy aquí, o para mantenerme próximo al volcán; bueno, vamos a procurar pasarla lo mejor posible, pues no se cual será la siguiente misión"-)
Con el agotamiento natural producido por los tres días de juerga, en compañía de la atractiva turista Inglesa que conociera en el bar del hotel, abrió la puerta del cuarto, y tan pronto ella pasó al interior, con un suave empujón de su pie cerró la puerta. Sin decir palabras, ya que el deseo era descansar, en unos segundos se desvistió, y se recostó a lo largo de la cama.
El característico repiquetear comenzó a sonar rompiendo la pasividad de la habitación; aun soñoliento, la impulsiva galesa le había robado media hora, miró el reloj pulsera, las cuatro y cinco de la madrugada. (-"¿Quién será?"-), Pasó la mano por encima de la inglesita, y descolgando el auricular —¿Diga? — —EA27—, pronunció la femenina voz al otro lado de la línea. —Si, soy yo —. —Por favor hable un poco más — (-"Vaya, va a procesar"-) —Sí, me encuentro en Fort Lauderdale y a mi lado está una, que Eva se caería de vergüenza por la cantidad de ropa que usaba. En este momento estoy... — Está bien, no es necesario que sea tan explícito; un helicóptero pasará a recogerlo dentro de diez minutos en la playa, frente al Hotel; ¿entendido? — Al cortarse la comunicación, se lanzó de la cama, y con la mayor prisa posible, comenzó a vestirse; mientras lo hacía, su Instinto le pronosticaba que algo grande estaba ocurriendo. Ya en la puerta con los dos maletines en las manos, le envió una ultima mirada a la que en suspiros y palabras veladas, le había hecho navegar por las legendarias aguas del Támesis. Cerró la puerta y olvidando los días de asueto, se encaminó hacia el elevador. Al llegar a la playa, el zumbido de las hélices no se hizo esperar; en segundos el aparato militar se acercó a su altura, y tan pronto tuvo las ruedas a pocos centímetros de la arena, de un salto subió a la maquina. Ya adentro, afianzado a uno de los hierros de la armazón, le preguntó al oficial que estaba próximo: —¿Qué sucede?— —Atacaron Cayo Hueso— —¡Cómo!—. Expresó Henry.