La Conciencia - También es Gris ------ 76

Pero— proseguía Dickinson sin darse cuenta del error. —Si él procurara utilizar algunos de los elementos que tiene infiltrados aquí, los muchachos del FBI y del Servicio Secreto, los pondrían a buen recaudo. Esta mañana el Director de Seguridad le dio prioridad al asunto — Al pronunciar estas palabras, miró el reloj, y poniendo las manos sobre la mesa, en tono no muy halagüeño: —Bueno, continúa con tus vacaciones, pero eso sí, me mantienes informado del lugar donde te encuentres. Ahora voy a despertar a dos de los durmientes; necesito saber lo que se cocina en la Isla — Con la misma, sin más comentarios, se levantó para perderse por la puerta del reservado. Al quedar solo, acompañado únicamente por el silencio que invitaba a la reflexión, comenzó analizar la conversación que sostuviera. Era la primera vez que veía a su jefe en ese estado de pesantez; imaginaba cómo se había sentido esa mañana en la reunión, al tener que reprimir su carácter delante de los miembros del Consejo de Seguridad; pero lo que sí le extrañaba, era que no hiciera ninguna referencia de lo hablado sobre el estudio de Kaufman. Bueno, tenía lógica, ya que de esa forma no repetía lo que su intuición le indicaba. No continuó: (-"¿para que?, hice lo que pude. Esperemos a ver si esos dos durmientes que están cerca del dictador, nos proporcionan alguna información sustancial"-)

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Hacía dos días que había efectuado el encuentro con su jefe. Por la mañana y tarde, cumpliendo con la orden, reportaba que se mantenía en la Capital. Hasta el momento ninguna noticia, solamente la información que leyera en el periódico del medio día: "El Gobierno cubano enviaba varias delegaciones al extranjero; encabezadas por...", y la nota proseguía. Pero lo que le llamó la atención, fue que también incluían al siniestro jefe de inteligencia. Ahora estaba inclinado frente a la canal, aguardaba el retomo; al hacer su aparición la agarró, le dio vueltas hasta que los huecos quedaran visibles, introdujo en ellos los dedos de la mano derecha, caminó hacia el medio de la carrilera, calculó el ángulo, y con unos pasos, tomando impulso, lanzó la bola; al quedar libre rodó como bólido por el tabloncillo, yendo a estrellarse contra los palos que configuraban el triángulo. Cogió la toalla, y mirando al solitario bolo que se mantenía en pie, murmuro: —Está bien de ejercicios; voy a finalizar las vacaciones en Florida

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