La Conciencia - También es Gris ------ 71
Sentados en la amplia terraza que daba acceso al no menos espacioso y arreglado jardín de la casona, ya el Agente y su anfitrión disfrutaban de la suculenta comida, preparada como se lo había hecho conocer Paul, con sumo esmero. Henry en ese instante dejó el tenedor, tomó entre sus dedos la copa y en gesto elegante, paladeó un sorbo del transparente liquido. De manera distinguida lo depositó sobre la mesa, y para finalizar la acción digna de la mejor etiqueta, cogió la servilleta colocada con anterioridad en las rodillas, y la pasó en suaves toques por los labios. Al retirarla, cerró con boche de oro: —Buen vino— —Del 10— respondió Kaufman. Expresando forzado asombro, el Agente afirmó: —Cosecha del 1910— —No; del especial en la tienda, dos botellas por diez— Los dos se pronunciaron en alegres carcajadas; claro, fue por la ocurrencia, pues el chiste era tan conocido como la bebida. Ahora con el ambiente preparado para reiniciar la entrevista, ya que en dos horas tenía qué salir para el aeropuerto, le hizo la primera pregunta por curiosidad, relegando la segunda para la sobremesa: —Profesor, usted no ha pensado que ese ególatra al verse acabado, opte al igual que obró uno de sus ídolos. por el suicidio— No sé sorprendió, por la inquietud que demostrara cuando abandonaron el cuarto estudio, para conducirlo a ver la cría de conejos, sabía que en cualquier momento seguiría haciendo averiguaciones, y era lógico, por la complejidad que presentaba el tema. Kaufman puso el cubierto sobre el plato, y cogiendo una rebanada de pan, dijo mientras le untaba mantequilla: —No creo que Hitler, si te refieres a él, se quitara la vida; pero tomando el hecho como cierto, son remotas las probabilidades de que éste haga lo mismo, pues aunque las mentalidades son análogas, lo circunstancial es diferente. A Hitler por la magnitud de lo acaecido, no le quedaba ninguna alternativa para expandir, o lo que es más, recuperar su grandeza. Sin embargo, éste por no haber sufrido ninguna derrota, ni logrado nada de envergadura en el marco mundial, ahora es cuando los minutos de la vida le cuentan más— (-"Simple deducción"-), se argumentó Henry, y al separar un trozo de Salmón: (-"Tiene lógica, pero si lo llega a explicar de esa forma en una cátedra, no hay dudas que lo expulsan"-). La cena concluyó con las mismas características que empezara, haciendo uno que otro comentario sin importancia. Toda vez que los platos fueron retirados, y ya con el café capuchino frente a él; no le gustaba aquel montón de crema, pero una invitación de Kaufman que no podía desairar, dejó sutilmente escapar la segunda pregunta: