La Conciencia - También es Gris ------ 60

El ex-catedrático cruzó las piernas, y en gesto mas bien de maña que de cansancio, se llevó los dedos pulgar e índice a los párpados; los sostuvo por unos segundos, y al retirarlos, contraviniendo lo que esperaba: —¿Cuanto tiempo hace que le filmaron esta película?— La pregunta, hecha de improviso, pues no cabían dudas que estaba aludiendo al individuo en cuestión, lo tomó de sorpresa; había descubierto su identidad. Reaccionando con rapidez para no caer en un papel ridículo, optó por decirle la verdad: —Alrededor de dos meses— El otoñal dibujó otra sonrisa maliciosa, haciendo que sus bien marcadas arrugas le serpentearan por el rostro, se inclinó, y dándole una palmada en la pierna: —Tu eres todo un profesional, y haces bien en mantener las reglas de tu mundo; no importa con quien o quienes, mientras menos personas conozcan los asuntos, mejor; pero si lo reconocí, no es por que hayas cometido algún error, sino mas bien a este sujeto lo he venido estudiando desde hace algún tiempo. No pudiste hacerme creer que era un "compañero" tuyo— Hizo un breve paréntesis, y a continuación: —Bueno, si no cometes ninguna indiscreción, tienes conocimientos acerca de si padece alguna enfermedad?— La referencia si no entraba en sus cálculos. ¿Cómo era posible que la detectara en un film grabado hacia dos meses?; nada, indiscutiblemente que este hombre era un cerebro. Recibida la confirmación, satisfecho por ese orgullo que experimenta todo científico cuando verifica en la practica, que sus estudios dan resultados, se reclinó en el asiento, y sin perder un segundo mas: —¿Qué es lo qué deseas conocer?— Ya consciente de qué no podía andarse por las ramas, el Agente le pidió cual él estimaba sería la reacción del individuo, cuándo supiera de la enfermedad. Sin manifestar ningún reflejo, el profesor se levantó.; caminó hasta el escritorio, y después de extraer una libreta de la gaveta, retornó a la butaca. Tan pronto se acomodó en ella, alargó la mano para coger los espejuelos que estaban a su lado sobre la mesa, se los puso, y con voz pausada, conociendo que iba a entrar en uno de los campos mas polémicos de la medicina; pero que a la vez no ocultaba el disfrute que le ocasionaba cada palabra: —Hace años, al terminar de pronunciar una de mis conferencias sobre salud mental, en que disertaba sobre el tema de los neurotransmisores, un joven del público se me aproximó para preguntarme si la droga que yo había mencionado, la cloropromacina, era la que usaba Hitler en los momentos que tenía ataques esquizofrénicos. Imagínate, la pregunta me llamó la atención, no en si por la falta de conocimientos que tenía el joven sobre la materia y el orden cronológico; más bien porque la persona en cuestión, que por sus maneras parecía tener cierta instrucción, generalizaba el concepto que se tenía de Hitler como de loco. ....

Página 60

  Regresar al Menú CS

Carátula - Advertencia Internet - Nota del autor en la novela - Páginas 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 32 33 34 35 36 37 38 39 40 41 42 43 44 45 46 47 48 49 50 51 52 53 54 55 56 57 58 59 60 61 62 63 64 65 66 67 68 69 70 71 72 73 74 75 76 77 78 79 80 81 82 83 84 85 86 87 88 89 90 91 92 93 94 95 96 97 98 99 100 101 102 103 104 105 106 107 108 109 110 111 112 113 114 115 116 117 118 119 120 121 122 123 124 125