La Conciencia - También es Gris ------ 57
Como ves, hasta ahí todo iba bien; pero cuando los muchachos del FBI nos transfirieron el caso, denotando sus sospechas; nosotros, que somos perros viejos en éstos asuntos, al igual que ellos, pudimos comprobar que todo no era más que una cortina de humo para obtener dividendos. puesto que en realidad el plan quien lo ideó fue el gobernante cubano. Él como conocía que por ese entonces su colega de Libia estaba temeroso de sufrir un atentado por parte nuestra, logró convencerlo de que desarrollando ese plan, garantizaba su vida, ya que al ser de dominio público, era ilógico que nosotros lo canceláramos. El de Cuba, aparte de asegurar también su vida, le sacaba unos dólares al cafre de Trípoli y nos pedía, como se lo planteó al Secretario de Estado, le quitáramos la presión que contra ellos ejercíamos en los créditos internacionales. Por eso fue que a los pocos días, cuando descubrimos el maquiavelismo, el Departamento de Estado contradiciendo los deseos de ellos, dejó filtrar lo de la reunión en Méjico, para mostrarles que estábamos consciente de todo— Dickinson dejó la pluma sobre la mesa, y reclinándose de nuevo: —Te repito, que no estimo posible que si hubiese una reacción por parte de él, sea por medio de atentados. Pero bien, releguemos las interpretaciones a cargo de los especialistas; tú has hecho un buen trabajo, así que toma unos días para que descanses— Tan pronto el Agente se retiró, Dickinson apago la grabadora y accionando otro interruptor, desconectó el sistema de música que funcionaba entre el aislante y las paredes. Ya en el parqueo del edificio, Henry desechó las ideas que le venían taladrando la mente desde que abandonara la oficina; consultó el digital: (-"Diez y media, todavía es temprano"-). Entró en el auto y sin mas, salió hacia la amplia avenida. Al detenerse en un semáforo, sus pensamientos volvieron a girar en torno a la conversación que sostuviera minutos antes con su jefe. Le había dado un esquinazo; conocía la historia de la jugarreta por su compañero George, cuando coincidieron en el aeropuerto de Santo Domingo; nada, que el viejo me dio a entender que ya había finalizado el trabajo. Pues bien, voy acatar la sugerencia. Dobló a la derecha, y decidido, fue en busca de la exuberante rubia, su gatica, para ir a "descansar" a una de las populares discotecas capitalinas. Después de compartir hasta horas de la madrugada, entre tragos y bailes; no obstante aquella idea que le venia por momentos, se dirigieron hacia el apartamiento que tenía alquilado en las afueras de Washington.