La Conciencia - También es Gris ------ 55
Ya las primeras luces de día comenzaban alumbrar la base aérea de Homestead, cuando el helicóptero proveniente del U.S Holmer aun no terminaba de posar sus ruedas en tierra, la puerta latera se abrió; dio un salto y cayendo en forma erguida, con pasos rápidos se encaminó en dirección a la Comandancia. Al entrar, el Teniente que se encontraba detrás del escritorio leyendo unos papeles, lo miró por encima de ellos; en el acto los puso sobre la mesa, se levantó, y adquiriendo postura de atención: —¿Señor, ¿es usted el Capitán Carson?— Henry sonrió, de tantos nombres que utilizaba, casi se había olvidado del propio; bueno, un decir, pues aunque ese no era el verdadero, le agradaba por ser el que aparecía en los documentos. —Sí, soy yo— —El Coronel no está—, le informó el oficial. —Pero tengo órdenes de ponerme a su disposición— —Bien, consígame un auto, y separe boleto para Washington— —Ya el auto está esperando, Señor, y la reservación hecha en el aeropuerto— No se sorprendió, eso era obra del viejo verde. —0.K, voy a hacer unas llamadas—. Y sin esperar respuesta, cruzó al otro despacho. Ya acomodado en la amplia butaca, realizó la primera comunicación; al viejo le agradaba que tan pronto sus agentes pisaran territorio norteamericano, reportarán que estaban bien; bueno, una excusa, pues sabía que el motivo era para procesar la voz, como primer paso de seguridad. La segunda fue para, como el la apodaba, su pequeña gatica; una rubia despampanante que le hacia olvidar las tensiones que experimentaba al finalizar cada misión.