La Conciencia - También es Gris ------ 52

Se bajó, y dando un rodeo, fue aproximándose a la mansión. Ya a prudente distancia del edificio, se agazapó escudriñando los contornos del inmueble; efectivamente, el bote estaba allí y por su tamaño le serviría. Se irguió y agudizando los sentidos, encaminó sus pasos hacia la puerta principal; sabía que tenía que ser rápido, pues aunque sólo un vehículo se encontraba estacionado, posiblemente según los datos de Yamila, podría hallarse en el interior alguna de sus amantes. Llegó a la entrada, ordenó los revueltos cabellos, y mostrando naturalidad, dio tres toques. La espera no se prolongó; a los pocos segundos escuchó una voz que por su tono, no era muy amigable: -¿Quien es?- Conociendo la actitud a emplear con aquella gente, respondió en forma imperativa: —Compañero, el auto se me quedó parado cerca de aquí, y necesito una mano— De nuevo la voz se dejó oír, pero con más agridez: —Vaya al pueblo para que le den ayuda, y no moleste— El Agente, que no podía perder la iniciativa, casi encima de esas últimas palabras, denotando malestar, lo increpó: —No me hables así compañero, que tú no sabes quién soy yo— De momento no tuvo respuesta; los segundos comenzaron a correr vertiginosos; imaginó que el esbirro, impresionado, había ido a consultar con alguien. No se equivocó, la cortina que cubría la ventana que daba al lado de la puerta, se descorrió, y apareció el rostro de aquel individuo con cara de bulldog. Ahora en un acento distinto al que empleara anteriormente, el sujeto le preguntó: —Compañero, ¿ tienes alguna identificación? — Extrajo el carnet y lo apoyó contra el cristal. El tipo, con sonrisa sarcástica, exclamó con palabras que más bien parecían ladridos: —Con que eres teniente de inteligencia en el Ejército de Oriente ¡eh!. Pues mira, llegaste a buen lugar, porque nosotros estamos en el mismo giro— —Sí, me dieron unos días de licencia, y aproveché para darme una vuelta por aquí con un elemento que ligué en Tropicana. Tú sabes como ...— Y mientras le introducía aun más la píldora de la confianza; el personaje, grotesco en todos los, aspectos, le abrió la puerta. Al entrar, de un rápido vistazo cateó el recinto; tenía buena iluminación, y sólo aquel individuo que se encontraba sentado en una esquina de la sala. Por la descripción de Yamila, no tuvo dudas era el Capitán del G2. Éste al verlo penetrar, había dejado caer sobre las rodillas un objeto que presumía era un libro, y ahora fijaba sus escrutadoras pupilas en él. Tenía que actuar, no perder tiempo, cualquier desliz en su vocabulario podía costarle caro. Calculó todos los ángulos, y presumiendo que los dos estaban solos, con gesto veloz extrajo la pistola de la parte trasera del pantalón, a la vez que con la mano izquierda le otorgaba un fuerte empujón al cara de canino que tenia al lado.

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