La Conciencia - También es Gris ------ 50

Mientras hablaba, sentía como aquella mano fina, delicada, antes inerte, iba recobrando su vitalidad. -"A veces por instinto se construye un muro, para impedir que los sentimientos escapen, pero de tan bien que lo elaboramos, tapando hasta las pequeñas grietas que van surgiendo, llega el momento que no tan solo enclaustramos los que son para defendernos, sino que también encerramos a los que nos motivan a fomentar estructuras"-. Expresado este sentimiento, Henry se inclino un poco más, casi rozaba sus cabellos, recibía en toda su intensidad la fragancia que de ellos, envolvente, paradisiaca, lo iba trasladando hacia senderos nunca antes recorridos. Movida quizás por la proximidad de él, o por sus palabras, que aunque no las había entendido del todo, si podía advertir que la valoraba en la justa dimensión de sus sueños, Yamila giró levemente la cabeza. Los rostros quedaron próximos, el aliento se les confundía en rezagadas pausas; Henry fijó su mirada en aquellos ojos, buscó sus pupilas, y lento, con suavidad, fue penetrando hasta llegar al centro de aquel universo azabachado; donde el iris absorbe todo fluir emanado de la mente. Sus términos ya no dejaron lugar a dudas, enumeró el dogma, cercanía del verbo. -"Por años, tu has logrado reprimir, mantener fuerte la voluntad; pero lo que si no puedes negar, es que la intensidad del amor, ese fuego que emerge de toda pasión, no lo has experimentado"- Y en dominio, conjugando el espacio, Henry acortó la distancia besándola cálidamente en los labios. Inmóvil, Yamila con la única expresión, sus ojos que refulgían con mayor vehemencia. Henry volvió a friccionarlos suavemente, sintió la mano, adquiría movilidad apretando la suya. Yamila en busca de un pequeño escape, que más bien parecía un suspiro: -"No pienses que yo ...-" -"No, no hables"- le susurró Henry -"que se puede quebrar este momento que nos nace en forma voluntaria"- Y sin más pronunciamientos, la sala atestiguó a lo mas perfecto de la creación, desatar sus instintos mas acerbados. Ella, la motivación: Cuantos argumentos hubiera dado. Él, claro y definido, su espíritu aventurero, romántico. El drama, en la unión de los dos rostros intercambiando sus húmedos anhelos, detuvo las normas naturales; segundos, minutos ... incontables. Henry, promovido por el impacto de la prolongación, fue abandonado la blanda ternura del roció, para mansamente ir resbalando por aquel cuello que le presentaba cercanías desafiantes; escuchaba el palpitar, era como el batir de palmas de danzas populares, que en ritmos distantes reducían terreno. Sensible, en gesto que solamente un soñador sería capaz, sus dedos fueron deslizando la bata y, .. lentamente el misterio, ese indagar constante, comenzó a adquirir caracteres insospechados. Reprimido, suave, con la presión de sus labios la fue inclinado, hasta que el obstáculo, ley física, pero dicha para dos que inquieren por algo más, los detuvo. Ahora, recostados, los cuerpos adquirían dimensiones incontrastables. La confesión, la verdad; frenesí; principio y final; ya con la concepción de la vida dada en su real exponente, el silencio los fue subyugando en placenteros reflejos. Ama y Señora, la quietud se adueñó del ambiente.

*** *** ***

Página 50

  Regresar al Menú CS

Carátula - Advertencia Internet - Nota del autor en la novela - Páginas 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 32 33 34 35 36 37 38 39 40 41 42 43 44 45 46 47 48 49 50 51 52 53 54 55 56 57 58 59 60 61 62 63 64 65 66 67 68 69 70 71 72 73 74 75 76 77 78 79 80 81 82 83 84 85 86 87 88 89 90 91 92 93 94 95 96 97 98 99 100 101 102 103 104 105 106 107 108 109 110 111 112 113 114 115 116 117 118 119 120 121 122 123 124 125