La Conciencia - También es Gris ------ 48
Enseguida ideamos ir a ver a los profesores de la universidad; fue inútil, ellos adujeron que no podían hacer nada. Ya, como último recurso, sin que él supiera, me dirigí a casa de Amando. Al llegar me atendió muy gentil, diciéndome que eso estaba en manos del Ministerio del Interior, que el caso era delicado, pero intentaría... Bueno, por fin tuvo que marchar. A la semana, su madre recibió la única carta de él; estaba fechada en Sierra Leona; en ella decía que también me había escrito... Nunca llegó su carta a mis manos... Después de aquello pasaron como dos meses. Nosotras, inquietas por no tener noticias de él, nos manteníamos en un constante averiguar, pero nadie sabía nada, argumentaban qué era secreto militar. Una de las tardes en que entraba al apartamento donde residía, sonó el teléfono; era la madre de mi novio; casi no la podía entender por los sollozos; le habían informado que daban a su hijo por desaparecido. Figúrate, el golpe fue tan terrible que no pude continuar los estudios, y así, en ese estado de ánimo pasé unos quince días; hasta que una noche se apareció un funcionario del Ministerio de Salubridad. Estuvo charlando conmigo por espacio de media hora ..., bueno, el único que hablaba era él, tal perecía uno de esos retóricos del Partido. Me explicó de los esfuerzos del gobierno, que cada estudiante costaba tanto, del sacrificio y de otras cosas que ahora no recuerdo; al final me dijo que tenía trabajo para mí de oficinista. Por la mañana me presenté en personal, y para mí asombro me destinaron a la secretaría del Vice Ministro. Yo pensé, y con razón, aunque había dejado de molestarme, que Armando tenía que ver con aquello, ya que un puesto de esa naturaleza, se lo otorgan solo a personas que parezcan bien definidas con el gobierno, y en verdad, podía decirse que yo era apolítica. Al poco tiempo de estar allí, Armando comenzó de nuevo; cada vez que iba se detenía en mi buró para hacerme alguna invitación, que por supuesto yo rechazaba. Y así, en esa forma, se empezó a tejer una serie de murmuraciones en el departamento, de las cuales yo era ajena... Un buen día me disponía acostarme, era alrededor de las diez, cuando se apareció Carmen, la mamá de Felipe, venía furiosa, insultante; me dijo que yo era una cualquiera, que lo sucedido a su hijo era culpa mía por estar en amores con ese medico tan influyente. Pasmada en mi turbación, le pregunte que quién se lo había dicho, que aquello era una calumnia, en fin, me respondió que no podía decirlo, pero que sabía era cierto. Imagina, ante aquella injusticia que me hacía .... le juré averiguar toda la verdad, costara lo que costara. Cuando se marchó, tomé dos calmantes y ya más sosegada, pensé que aquello era una injuria inventada por la envidia de alguna de mis compañeras; aunque si lo analizaba bien, no estaban tan mal infundadas; eso de dejar los estudios y no recibir reprimendas, sino por el contrario, darme trabajo en el Ministerio, no era usual.