La Conciencia - También es Gris ------ 46

Al entrar no tuvo reparos en recriminar al Agente, pero indicando ya cierta confianza. —Estas loco, no sabes quién es— —Si, no te exaltes— Y agarrándola por una mano, la condujo al otro extremo de la habitación. Aun sosteniendo sus dedos entre los suyos, haciendo suave presión: —Yamila, puedes llevar a ese bajo cualquier pretexto al otro aposento, sólo necesito cinco minutos — —¿Y para qué?— —No preguntes, yo sé lo que hago— —¿Y si te descubre?, él tiene dos esbirros afuera— —No te preocupes por eso, haz lo que te digo y no habrá problemas— Consciente de que no lo iba a convencer: —Esta bien, voy a intentarlo; pero si es relacionado con el maletín, por Dios, sitúa todo en orden, que si después se entera, figúrate— —Desecha esa inquietud, que en el estado de ánimo que él ...; bien, no te demores mas, que va a sospechar— Pasados unos minutos, al no verlos, confiado que ya se encontraban en la otra pieza, salió del cuarto, y sin pérdida de tiempo se dirigió a donde estaba él maletín. Al arribar, teniendo cuidado en no cambiar su posición en la butaca, accionó los dos cerrojos. (-lHum!, no tiene pasada la llave-), lo destapó y sacando de su bolsillo la diminuta cámara microfilm, comenzó a tomar fotos. Al correr una de las hojas se detuvo, aparecía escrita en la parte superior derecha, la palabra "León", ("Interesante"). Leyó varias líneas y tomándole dos impresiones, prosiguió con las demás. Al finalizar de fotografiar hasta el último papel, cerró el portafolios, y en la misma forma sigilosa, retornó a la habitación. Llevaba un buen rato recostado en la cama, cuando la puerta se abrió, apareciendo en el umbral la curvilínea figura de Yamila: —Si deseas puedes venir a la sala— Se levantó, guardó el arma que había sacado, y renunciando a lo que deseaba cuando la vio entrar, la acompañó. Ya sentados en el sofá, fue ella la primera en hablar: —Menos mal que pude convencerlo, de que mi tía no se encuentra bien de salud, y por nada del mundo, mamá que al morir mi padre se fue a vivir con ella, la abandonaría— Henry no respondió, conocía por haberlo leído días antes, parte del drama de aquella interesante mujer. Cuando llegó al asiento, vio un cigarrillo aplastado en el cenicero; lo cogió y comprobando que era americano, sacó uno de los suyos. Mientras lo encendía, le comentó: —Se ve que tu amigo, aunque es Marxista, le gusta lo bueno— Ella, todavía con los ánimos exaltados por la escena tenida; en gesto que la delataba ante la percepción psicológica del Agente, agrandó los ojos. Sus palabras confirmaron que no se había equivocado: —No me juzgues mal, si conocieras mi historia sabrías por que mantengo amistad con él— (-"Vaya con que era eso"-), pensó Henry: (-"como mujer, sensible, que se ajusta en forma estricta a los prejuicios establecidos por la sociedad, al que dirán, interpretó de manera equívoca el comentario que había hecho de su "amigo", y de la expresión burlona sobre la vida muy lujosa que disfrutaba la clase gobernante"-).

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