La Conciencia - También es Gris ------ 45

En forma rápida agarró los recipientes y se dirigió a la cocina; Henry por su parte fue hacia el cuarto que indicara y al entrar, dejó la puerta semi entornada. Pasado unos minutos, con el oído pegado a la rendija de la puerta, Henry escuchó: —¡Oh!, eres tú!— —Perdona que no te llamara, pero me urge hablar contigo— —Está bien, adelante, pero por favor sé breve; tengo algo de jaqueca— Pasados unos instantes, Henry percibió de nuevo la voz del hombre; parecía por la expresión, nervioso, atormentado. —Yamila, no sé por dónde empezar, tú lo sabes, te lo he dicho en cientos de oportunidades, que estoy enamorado de ti. Ya esto se a convertido en algo más fuerte que yo; he soportado tus excusas por años, he sabido esperar, y eso te demuestra como mujer que lo mío no es un simple capricho, sino amor limpio y puro— —Pero Armando, tú conoces mis puntos, y es por eso que......— —Si, claro que los entiendo, pero analiza los míos. Ya muchos compañeros no respetan ni que soy el médico principal del Presidente, y a cada momento noto sus indirectas burlonas, aunque en el fondo me agrada que sepan lo que siento por ti— —Armando, es que yo hasta que no tenga pruebas de que ha muerto, o hayan pasado cinco años, no te puedo corresponder; recuerda que es nuestro pacto— —Tu sabes Yamila, que he movido cielo y tierra para conseguir esas pruebas. Pero bien, a lo que he venido es a proponerte que vengas conmigo— —¿Qué dices?— —Espera, permite explicarte: Falta un año y dos meses para tu condición; si, no te asombres, aunque parezca ridículo llevó la cuenta; pues bien, hoy recibí unos diagnósticos que están en ese maletín ......; bueno eso no viene al caso; lo que te propongo es que vengas conmigo a Suiza, de allí pasaremos a Francia, donde tengo comprada una casa, y para que veas mis buenas intenciones, puedes traer a tu madre; yo me hospedaré en cualquier lugar, y después del año nos casamos. ¿Dí, Aceptas?— —Armando es tan .....— En la habitación, mientras Yamila daba excusas, Henry analizaba las palabras del médico; había cierto aspecto que no encajaba, y tenía que averiguarlo; no interesaba que él estuviera desarrollando una misión, pues su trabajo como agente de acción, lo dotaba de facultades para investigar lo que estimase era de interés. Decidido fue hasta la cómoda del cuarto; haló la primera gaveta, nada; en la segunda lo encontró, estaba al lado de una polvera. Cogió el pequeño espejo de tocador y salpicándolo de polvo, regresó a la puerta. Al llegar se agachó, y por la abertura en el costado inferior, lo fue deslizando hasta que lo vio. El hombre se encontraba parado de espaldas, y no tenía nada enfrente que lo reflejara; entonces desplegó unas pulgadas de hoja y sacando la mano, le hizo señas a Yamila. Ella, que persistía en sus argumentos, al advertir el llamado Henry, le pidió unos segundos de excusas al visitante, y con la misma se dirigió a la alcoba.

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