La Conciencia - También es Gris ------ 44

Al terminar de cerrar la puerta, se volvió; ahora la podía contemplar en todo su esplendor femenino. Pelo negro al igual que los ojos, rozando en perfecta armonía los bien torneados hombros desnudos; sus labios, gruesos, sensuales, resaltando en matiz con las mejillas; la bata a lo largo del cuerpo, marcando en forma indiscreta sus seductores contornos. En conjunto, podía decirse que era una mujer atrayente, con personalidad, capaz de motivar pasiones desenfrenadas. Entrelazados los dedos, aun nerviosa por lo inesperado, y ahora más, sintiendo la mirada, que aunque sin desfachatez resbalar por su cuerpo, lo convidó a sentarse. Ya acomodado en el sofá; el Agente prosiguió en su mutismo; parecía lo hacia adrede, que disfrutaba con la turbación provocada en ella. Yamila parada frente a él, buscó la mejor salida para romper el silencio. —¿Desea tomar algo?— —Scotch en la roca, por favor— De regreso con los tragos, ocupó la butaca frente a él, y al cruzar las piernas, la bata se abrió aun costado, descubriendo las inconmensurables piernas, hasta llegar a la mitad de los y qué decir, inimitables muslos. Su mente no lo pudo evitar. (-"Qué buena está"-). Después de beber el primer sorbo y desechar no tan malos pensamientos: —Se que no esperabas esta visita, pero en nuestro mundo las cosas ocurren así. Mis superiores me sugirieron que si tenía problemas, hiciera contacto con usted; por eso he venido, para que me ayude a salir del país— La pregunta lógica no se hizo esperar; —¿Por qué me han seleccionado a mi?, pues creo ustedes tendrán aquí otros agentes más calificados— —(-"Que tonta, no sabe al igual que la mayor parte de las personas, que miembros directos de la Agencia somos unos cuantos profesionales"-). —Por supuesto que si, pero en este caso hice la decisión basado en la posición que ocupas en el gobierno; aunque si soy sincero, no fue solo por eso; también por tu fotografía— Al escuchar las palabras finales se puso en ascua; como toda mujer que gusta del misterio, había concebido a los agentes secretos de modales elegantes, bien parecidos, aventureros, listos a matar, y ahora que tenía uno delante, corroboraba que también eran directos, románticos. Con las mejillas subidas de tono, procurando aunque sin lograrlo disimular el halago, le manifestó que había hecho la pregunta sin mayor trascendencia; que si aceptó enrolarse, era para cooperar cuando la necesitaran. Henry, para ella Carlos, comprendió y de inmediato se pusieron a trazar los planes.

Por espacio de media hora valorizaron una por una las distintas opciones, concluyendo que la primera expuesta por él, era la menos complicada. Agotaban de repasar los últimos datos, cuando el timbre de la puerta sonó: —¿Quién será?, no espero visita— —Calma, ve a atender y demuestra naturalidad. ¡Ah! lleva los vasos y enjuágalos— —Si. Puedes esconderte en aquella habitación

Página 44

    Regresar al Menú CS

Carátula - Advertencia Internet - Nota del autor en la novela - Páginas 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 32 33 34 35 36 37 38 39 40 41 42 43 44 45 46 47 48 49 50 51 52 53 54 55 56 57 58 59 60 61 62 63 64 65 66 67 68 69 70 71 72 73 74 75 76 77 78 79 80 81 82 83 84 85 86 87 88 89 90 91 92 93 94 95 96 97 98 99 100 101 102 103 104 105 106 107 108 109 110 111 112 113 114 115 116 117 118 119 120 121 122 123 124 125