La Conciencia - También es Gris ------ 41

Mientras el buen campesino narraba su Historia, creyendo que aquel era un compatriota que luchaba contra el régimen, Henry aprovechó para sentarse en la cama y ejercitar los músculos. La joven había salido del recinto. Ya el padre terminaba el relato, cuando la muchacha apareció de nuevo trayendo un plato en la mano. —...... me quitaron la finquita, diez caballerías, y ahora me han puesto de empleado. ¡Ah!, mira, aquí esta Nacha con el cardo, tomalo too que es de gallina—Terminado de saborear el líquido, que le pareció como las sopas del famoso restaurante francés Maxin, indagó por la mochila. —Ahí está en el rincón y no hemos tocao nada— La muchacha fue hacía la esquina, y recogió el bolso; al colocarlo en el camastro, formuló la pregunta, sana, sin maldad, que la mantenía curiosa desde que se enterara: —-¿Vienes de Florida?; Yo tengo una tía que vive en Tampa, y un primo que está en Caracas—- Henry se sorprendió; (-¿Cómo sabían que él no era de allí?-). Sin ser muy explícito, iba a responder para procurar averiguar, cuando el campesino adelantándose, le explico: —Amigo, perdone a mi hija, ella es nueva, usted sabe. Aquí aunque el radio no dice na, las noticias vuelan de boca en boca; ayer por la tardecita fui al pueblo, y allí me enteré del tiroteo en las montañas; y hoy, casi aclarando, mi sobrino vino a decirme que también tiraron allá por la costa, cerca de Cabo Francés, y que la gente escapó en lancha. Por eso pensamos que tu eras del grupo— Al escuchar esto, quedó pensativo por unos instantes: (-¿Será que Toledo salió ileso de la caída, o tal vez el yate se acercó al litoral para buscarnos, y .....? "Bueno, que más daba por el momento; si este buen hombre tuviera más información, lo hubiera dicho; así que no voy a defraudar sus deducciones, ya que lo necesito para escapar de aquí"-). —Sí, hace años que resido en los Estados Unidos. Mi familia es de Camagüey, y desde muy pequeño me enviaron para el Norte—- —Caray muchacho, se ve que tienes coraje, ya yo etoy algo viejo, que si no...— Y tocando en forma imaginaria donde usaba el machete: —Estas gentes iban saber— Henry no desperdició la oportunidad: —¿Puedo hablar con usted a solas?—- —— Y volviéndose el campesino: —Nacha, ve al pozo y llena la tina— La joven a disgusto salió de la habitación. Ya sin la presencia de la muchacha, Henry intentó ser bien explícito: —Tengo que trasladarme a La Habana lo antes posible; ¿dígame sí puedo contar con usted?—- —Cómo que no, eso está resolvido. Mi sobrino tiene un fotingo del año 51, y él es de toa confianza, así que le voy avisar para esta noche— —Gracias. Ahora necesito otros dos favores, una muda de ropa y zapatos, y enterrar por separados la mochila y el arma. Sobre la metralleta puede disponer, pero por favor, lo del equipo que sea un secreto entre usted y yo— —No te preocupes, ahorita mismo salgo pa el pueblo y cuando esté de vuelta, abro los huecos—

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