La Conciencia - También es Gris ------ 39
De la misma forma le dio una patada cerrándola tras de si. Al producir el portazo, llamó la atención del Coronel Roberto y del Ministro del Interior Hacía media hora que lo aguardaban en aquel recinto que, a no dudar, sirvió de biblioteca de alguna familia acomodada. Éste último conociendo las maneras del que arribaba, pues eran compañeros desde antes de que tomaran el poder, lo saludó en espera de la reacción. —¿Qué tal de viaje?— La habitación de momento pareció empequeñecer: —AL CARAJO EL VIAJE; SON TODOS UNA PARTIDA DE INEPTOS. ¿ POR QUE ESCAPARON?— —Comandante, es que fue por la costa Sur y usted sabe .......— Roberto no pudo terminar la excusa. —COÑO, Y QUE TIENE QUE VER LA COSTA SUR. Estuvieron cerca de la brigada y con tantos detectores de porquería que TIENEN esos cabrones, ¿y qué me dicen de los radares? TAMPOCO VIERON NI COJONES— Caminó hacia la mesa, movía el habano de un lado a otro, estaba frenético, violento; sus interlocutores mantenían silencio, en espera pasara la tormenta. Llegó a la mesa, y cogiendo el puro, lo escachó contra el cenicero, a la vez que en un súbito cambió de actitud, les dijo: —Estos rusos son unos mierdas— Esa era la oportunidad que esperaba el Ministro del Interior; como hombre pragmático deseaba conocer la acción a seguir en aquel asunto, de por sí delicado. Puso las manos sobre la mesa y al hablar, lo hizo de forma que sus palabras transmitieran confianza: —Bien, según todas las informaciones, el comando de infiltración no entró en la base, así que estimo podemos continuar con el plan: ¿Qué tú crees, Roberto?— Éste no tuvo tiempo ni de mover los labios; el fuerte manotazo dado encina del buró, lo paralizó. De nuevo se desataba la furia, pero no con las características del salvajismo producido bajo el acaloramiento de una discusión, esto era mas profundo, lo palpaban a las claras. El Primer Ministro estaba esquizofrénico por algo que desde hacía tiempo le presionaba la mente. —EL PLAN SE JODIOO, si hubieran destruido el yate tal vez, pero todos, y digo todos, SON UNA PARTIDA DE PENDEJOS. Ahora tengo que idear otra cosa para pagarles con la misma moneda a esos imperialistas de la CIA, que me han llenado la isla de plagas y epidemias. Pero COÑO, van a saber quién soy yo— Roberto y el Ministro del Interior quedaron perplejos, habían pensado que eso de preparar un grupo para enviarlo a los EE.UU. bajó las órdenes directas del Jefe, era una de las tantas ocurrencias que tenía; pero ahora se daban cuenta por que no quiso usar algunos de los ya establecidos en territorio norteamericano. La confesión, ese secreto que lo mantenía reservado, vengarse de igual forma, si que tenía importancia, pero aun más el hecho de creer que las plagas y virus eran sabotajes.