La Conciencia - También es Gris ------ 38

Éste asintió con un —Okey— Finalizaba de pasar la comunicación, cuando como bólidos, los dos F14 hicieron una circunvolución sobre el yate, mientras le informaban que siguieran el rumbo, y que ya habían notificado a una patrulla anfibia, Los pilotos diestros en la acción a seguir, maniobraron sus naves en ángulos de 35 grados.

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Oye Papo, agarra el timón, que llevamos media hora navegando y ni señal de barcos o aviones enemigos. Voy a hacer café— Julián de regreso con el néctar recién colado, le dio uno de los jarros a su amigo, diciendo: —Cómo ronca ese bestia— — Déjalo que duerma, tú sabes el ajetreo que ha tenido— —Si, como aquella vez en el Congo, que si no es por el Francés Pierre, no hace el cuento— —No me recuerdes aquella carnicería que se produjo en la boca de aquel río, fue terrible— Julián se dio cuenta de que había tocado un tema desagradable, y cambiando de conversación: —Tengo ganas de llegar a Cozumel, para tomar una cerveza bien fría— —Si, pero en el muelle, y nada de mujeres; las órdenes son estrictas, abastecernos y seguir rumbo a New Orleáns, para desde allí ir a la casa de seguridad en la Florida y esperar órdenes— —Bien, bien, no lo repitas, ya lo sé. Voy a descansar y dentro de una hora me llamas para relevarte

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Los tres autos a corta distancia uno detrás del otro, traspasaron la verja de hierro que daba acceso a los jardines de la residencia, que tal parecía por sus murallas, una gran fortaleza. El vehículo del medio, de un brusco frenazo detuvo su marcha frente a la puerta principal. El que iba al lado del chófer, se apeó y diligente fue abrir la puerta trasera. No pudo realizar la acción, ésta se desplegó saliendo por ella un individuo de unos 60 años, seis pies de estatura, espesa barba cubriendo parte del rostro; su vestimenta traje de fatiga color verde olivo, que aunque en apariencia limpia, denotaba descuido en el uso. Con pasos rápidos, largos, se dirigió hacia la casa. Era el Presidente, el Primer Ministro. El día anterior encontrándose en el interior del país, le notificaron lo acaecido en la base donde se entrenaban los agentes. Al no poder trasladarse de inmediato a la Capital, pues estaba asistiendo de anfitrión a una de las incontables delegaciones extranjeras que frecuentaban la nación, sólo pudo soltar algunas frases soeces al comunicante. Ahora sus pensamientos eran indescifrables. Penetró en la espaciosa sala. —Buenos días Comandante— Sin prestar Importancia al saludo proveniente del grupo reunido en el salón, prosiguió, andando hacia el ala derecha del recinto; llegó frente a la puerta, y agarrando el picaporte, con energía la abrió de un tirón.

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