La Conciencia - También es Gris ------ 36
Ya habían desactivado el neutralizador de radares, que aunque se podía ajustar para cubrir determinada zona, el alto mando no deseaba correr el riesgo de dar a conocer al enemigo, que su sistema defensivo era obsoleto; además, ellos podían brindar protección por otros medios. Ahora tenían el explorador de frecuencia conectado a la antena parabólica, que en centésimas de segundos, mas rápido que la vista del operador, cambiaba de numeración. El aparato, bajo el registro LD37J81, era una de las invenciones mas modernas que le habían entregado a la marina; Su trabajo consistía en detectar, evaluar, y después si daban la orden, desviar cualquier cohete convencional disparado por el enemigo. En sus memorias poseía la información del tamaño, peso, espectro de pintura, y composición del material, así como los distintos sistemas de guía y motores. Si el proyectil era nuclear, el censor radioactivo hacia el trabajo más fácil. El Capitán, parado detrás del oficial, observaba con suma atención, no quería perder un detalle, ya que posiblemente se dieran las condiciones para verla obrar por primera vez.
Los dos motores del yate continuaban trabajando a máxima capacidad; Julián semi vuelto en el asiento desde el cual gobernaba la embarcación, y Papo parado a su lado, usando como apoyo el tablero de instrumentos, escuchaban la narración que ya estaba concluyendo Toledo. —......y así fue todo, creo que entre una cosa y la otra, me llevé por delante a ocho de esos perros— Se acercó el jarro con aquel liquido que Papo le dijo era sopa a la boca, bebió un sorbo, (-"gustaba a rayo"-) y mirándolo elaboró una mueca, para manifestarle que aquello no servía. El mecánico no se inmutó, y dando un golpe en la madera: —Voy a redactar el mensaje, para notificar al Centro que no sabemos nada del americano— Dio unos pasos para dirigirse al radio, y al pasar frente a Toledo, como el que esta picado por la curiosidad, se volvió indagando: —¿Por qué diste a entender en la transmisión que los dos venían?— Toledo lo miró sonriente, y en forma burlona: —Mira que eres inocente, no acabas de aprender; si doy a conocer que era yo solo el que venía, como ya estaba pasada la hora, capaz que hubieran quitado el apoyo logístico. Tú sabes muy bien que en estos trabajos encubiertos, la vida no vale nada— En ese momento un fuerte ruido lo sobresaltó: —¿Que fue eso Julián?— —Una explosión Toledo, oh que coño tu crees— Papo que había aguantado la socarronería de su amigos, exclamó: —¡Con que inocente, eh!— —Mira, no es tiempo para chistes, sube a ver— —Si, para que me caiga en la cabeza— Y con la misma, Papo se perdió por la puerta que daba a cubierta.