La Conciencia - También es Gris ------ 35

Usando a modo de respaldar la ametralladora calibre cincuenta, y auxiliado por los catalejos, Papo procuraba divisar algún movimiento en la pasividad del mar. Hizo un ademán de fastidio, y quitándose el binocular, lo colgó de una de las patas del trípode, Los ojos le seguían ardiendo, sacó el pañuelo, y sin restregar lo pasó por ellos. Al quitar la humedad que los cubría, sintió algo de alivio, y levantando la vista hacia el horizonte, recriminó al botiquín del barco. (-"Esa basura nada mas tiene cosas para el que le metan un balazo"-), No finalizaba de inculpar a la caja de primeros auxilios, cuando a lo lejos vio surgir un leve resplandor, se viró, voceándole al timonel: —Julián, luz en dirección a la costa, vamos acercarnos, tal vez sean ellos y tengan problemas— Éste al escuchar, dio vueltas al mando, enfilando rumbo al litoral. Papo sin mas agarró el binocular, y moviéndose hacia un lado de la cabina, tomó posición. Otra brillantez, ya no cabían dudas, eran luces de bengala. A los minutos de estar navegando a toda maquina, Julián, que miraba a cada momento la esfera de aquel aparato parecido a un reloj, le informó: —Ya los tengo localizados; a unos 1700 metros, entre las doce y una— No obstante la indicación dada no se ajustaba a la técnica del detector, por ser nuevo para ellos, el mecánico comprendió, y en forma automática, dirigió los infrarrojos hacia la dirección señalada. Al ir reduciendo la distancia, unos 40 metros; el timonel comenzó a maniobrar: —Les voy a entrar por estribor, prepárate por si alguien ha ocupado el lugar de ellos— —No, es uno sólo y se parece a Toledo; vamos a recogerlo— Al encontrarse los botes apareados, Papo le preguntó: —¿Y el americano?— —No sé, después te cuento, dame una mano— Papo le alargó el brazo, y asiéndolo, de un salto Toledo cayó sobre cubierta; al instante se descolgó la metralleta, y dirigiendo el cañón hacia la balsa, descargó una ráfaga.

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Mientras el grupo comando navegaba rumbo a mar abierto, experimentando relativa seguridad, los acontecimientos se precipitaban tanto en tierra cubana como en el submarino. El teniente que estaba a cargo de patrullar aquella parte del litoral, al ver que la presa escapaba, comunicó por radio al comando de la unidad todo lo acaecido, delegando en manos de ellos la acción a seguir. Por otra parte en el sumergible, todo era actividad, pero no humana, sino electrónica.

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