La Conciencia - También es Gris ------ 32

Al finalizar, sabiendo que su compañero había leído la traducción, le indicó: —Dios quiera que nada más sean dos los soldados que están en la zona, y que no suene un tiro. Subiré a cubierta a esperarlos y de paso montar la cincuenta— Con la mente puesta en sus compañeros, a ninguno de los dos se le ocurrió pensar que otros oídos también habían escuchado la señal.

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En la misma latitud, pero a 30 kilómetro, el monitor del submarino por igual había captado la transmisión. El operador sin dar importancia, le informó al superior de su sección; éste con un movimiento de cabeza, le indicó que se daba por enterado. Él tenía órdenes del comando naval, de no trasmitir mientras mantuviera la sombrilla anti-radar funcionando. Dentro de unos minutos podrían enviar todo lo recibido para su estudio.

El otro oído, más perceptivo por su técnica, era el del portaaviones Coral Sea. Navegaba en compañía de sus escoltas a un tercio de velocidad, entre las coordenadas 85 y 21; a unos doscientos kilómetros de la costa isleña. En el interior, específicamente en el recinto dedicado a comunicaciones; todo era actividad las 24 horas, nunca cesaba; números, signos, pantallas, ir y venir del personal. Entre aquel derroche de técnica, una computadora, la W318Z se mantenía sigilosa; ya los decimales del digital iban a pasar a cero para marcar las nueve y 53, cuando de pronto una luz verde se encendió en la pizarra del controlador; sin pérdida de tiempo ponchó varias teclas en la máquina que tenía enfrente, verificando que la retransmisión se efectuaba. El marino, técnico en computadoras, graduado hacía un año en la escuela naval de Norfolk, Virginia; conocía que la 318 la habían preparado para dos frecuencias fijas, y que la única forma de ponerla en función, era por medio de una señal que tuviera un tono especial. (-"¿De dónde provenía ese tono? Bueno, una las reglas en las fuerzas amadas, es no meter las narices donde no se debe"-). Y con este pensamiento, prosiguió en su tarea de atender la computadora de archivo que estaba a su cargo. Ya habían pasado cinco minutos desde que la W318Z retransmitiera la señal recogida, cuando el Capitán, sentado en su oficina camarote, terminaba de leer un artículo del New York Time, que había entrado por la mañana en el teletipo; en ese momento que se disponía a coger otra hoja, la voz del intercomunicador lo interrumpió. —Señor, recibido fase cinco, operación Guerrero Gris— Apretó el botón del buró y sin mirar: —Entendido— Y sin dar importancia a la información, se concentró de nuevo en la lectura. Sobre la pista del Coral Sea, dos cazas que se mantenían a la espera hicieron tronar sus potentes turbinas, y en menos de 15 segundos, a la orden del controlador, salieron disparados por la rampa. Los pilotos tenían instrucciones estrictas: dirigir los F14 al punto indicado para prestar cobertura por medio de la presencia, intimidar al enemigo y evitar, como lo decía la fase cinco; todo contacto directo.

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