La Conciencia - También es Gris ------ 30

Al recibir el impacto de corriente y voltaje, el circuito respondió emitiendo por el parlante la única señal de inteligencia que recogía; al segundo, para cerciorar que el transmisor también trabajaba, presionó la llave telegráfica; ésta al unir los dos puntos, disparo el relay cortando el sonido de Radio Frecuencia. Ya con el principal argumento a su favor, se amarró el equipo a la espalda, y alargando la mano hacía los arbustos donde había caído el arma, la recogió, e inclinándola le dio unos golpes contra la cadera. Sin averiguar mas nada sobre la metralleta, hizo un rápido escrutinio en todas las direcciones, al no ver ningún militar cerca, se terció la israelita y tirándose boca abajo, con pies y manos usándolos como freno, comenzó a deslizarse. Aquel era el tramo mas difícil, a unos 30 pies encontraría apoyo de la vegetación.

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Sin haber probado bocado desde el mediodía anterior, con su camisa y pantalón empapados por el sudor, jadeante, venció la colina, que aunque no muy alta, le pareció que eran los picos del Himalaya. El tiempo, factor que le venía bullendo a Toledo desde que emprendiera la jornada, hizo que consultara la hora. Nueve para las cinco. Los muchachos tenían ordenes de esperar hasta las diez, ni un minuto mas. Irguió la cabeza por entre la maleza, y tal como le sucediera a Henry, divisó la carretera. En ese instante un camión rebasaba la curva que estaba a su ángulo derecho. Se llevó el dedo índice a la boca, mojándolo de saliva. La acción en si no era de suma importancia, pero el dato le serviría para cruzar el camino. Ya con él húmedo, lo expuso a la suave brisa campestre. El cacharro, que por su apreciación databa de. la década del 50, pasó rugiendo frente a él. Cuando el ruido del motor se perdió en la distancia, todo regresó a la normalidad. No había patrullas ni los famosos cordones de milicianos. Le extrañó que no fuera así: (-"Bueno, pensarían que escapamos hacía el norte. ¿Y si capturaron a Henry? No, ese bicho seguro que está en la playa"-). Con esas reflexiones se mantuvo por unos minutos acostado, vigilante, procurando percibir algún movimiento o señal de peligro. Al ver que el sitio se encontraba apacible, bajó la pequeña ladera y expedito franqueó la vía. Ya en ese lado apuró el paso, manteniéndose a prudente distancia de la arteria principal del país.

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