La Conciencia - También es Gris ------ 3
La reunión se efectuaba en una de las casas de seguridad ubicada en la elegante barriada de Miramar, en La Habana. Sentados frente a la amplia mesa, sobre la cual había una botella de brandy y dos de whisky rodeadas de varios vasos, se encontraban el Ministro del Interior, el Director de Espionaje y Contra-Espionaje, y el Coronel Roberto, encargado de la Sección Norte. (Estados Unidos y Canadá). A pocos pasos, recostado en un confortable reclinable, el Jefe de Estado se deleitaba fumando un gran habano.
En ese momento el Ministro del Interior se volvió hacía el Presidente: —¿Y tú qué dices, ya que la idea de esta operación es tuya?— Con calma se quitó el tabaco de los labios y sin mirar, respondió: —Estoy de acuerdo, por algo ustedes son los expertos— El Ministro del Interior cogió uno de los vasos, sirvió un poco de Brandy, y después de beber un abundante sorbo: —Entonces estamos de acuerdo, tienen que ser de apariencia presentable y poseer cociente de inteligencia elevado, aparte de los conocimientos militares— Ahora sin esperar ningún comentario, dirigió su mirada hacia el Director de Espionaje: —¿De donde vas a sacar el personal? — El aludido se levantó de la silla, entrecruzó sus manos a la espalda y mientras caminaba en torno a la mesa: —Los agentes serán seleccionados entre las tropas que tenemos en África; tan pronto los tengamos clasificados por su lealtad, conocimientos, etc, le informaremos a sus comandantes de unidad, que han muerto en luchas internacionalistas. Esa versión también la dejaremos correr entre los miembros de sus unidades; al mismo tiempo sus familiares aquí en Cuba serán notificados— Hizo una pausa para servirse un vaso de whisky, que se tomó sin respirar; sacó un cigarrillo, y con la primera bocanada de humo, continuó: —Como ven, nuestros agentes, o mejor dicho, los agentes especiales en esta operación, al no tener familiares directos fuera de Cuba están completamente limpios, lo que se dice, listos para nacer— El Ministro del Interior se pasó una mano por la cara, y en tono que traslucía evidente ironía, le expreso: —Te las sabes todas— No terminaba de hacer el comentario, cuando desde el reclinable surgió la voz indagatoria del Jefe de Estado: —¿Cómo va a ser el traslado?—
—Comandante— Le respondió en el acto el Director de espionaje: —Los embarcaremos en un navío rumano, y como es natural, de noche y con los rostros cubiertos; una de las bodegas estará reservada para ellos, con órdenes estrictas; ni el Capitán podrá bajar a verlos. En esa forma hay más seguridad que en uno de nuestros barcos o aviones. Usted sabe como es la gente nuestra de curiosa, y alguien puede romper la seguridad— —Bien, bien— Afirmó el Jefe de Estado.