La Conciencia - También es Gris ------ 27
Toledo al percatarse de lo que sucedía, tomó posición y empezó a disparar contra el campamento. Sabía que el arma a esa distancia no tenía mucha efectividad, pero él la iba a hacer mortífera. En ese instante vio a dos guardias que ya cruzaban el portón principal; evaluó el trayecto, el viento, y apuntándoles por encima de las cabeza, y un poco a la izquierda, presionó el percutor permitiendo escapar una andanada; sus cálculos no fallaron, los dos que corrían retorciéndose se desplomaron para siempre. Ahora lamentaba no haber traído el lanza granadas; desvió el fuego hacia la torre; una, dos, tres ráfagas, silencio; al estar seguro de que aquel peligro no seguiría molestando, redujo en unos centímetros el nivel del cañón, y apretando el disparador, abrió fuego en dirección a la explanada; lo efectuaba a modo de abanico; en el segundo pase, la máquina que cuestionaba entre la vida y la muerte, paró de vomitar su mortífera carga; rápido se volvió de costado, y con el pulgar derecho empujó la perilla que mantenía la seguridad del peine; el porta balas se deslizó, lo guardó, y sacando otro magazine, lo colocó en el orificio que recién quedara vacante; lo golpeó y al oír el clip, retornó a la posición anterior para continuar su trabajo; trataba de quitarle presión a Henry; pues todos los disparos desde la base eran dirigidos a la cara de la loma por donde él trepaba. Se dio cuenta de que aquellos sicarios no lo habían detectado por causa del silenciador; lo desenroscó, y lo metió entre las correas de la bolsa, y con la misma volvió a poner en función la metralleta; al tener quitada la mordaza, emitió con toda agudeza el ladrido de muerte. Pensó: (-"ahora esto si va a ponerse bueno"-), y efectivamente, en unos segundos los plomos comenzaron a salpicar en su derredor. Llevaba un tiempo en ese fragor de disparar y agacharse, cuando al ver que al americano le faltaba poco por llegar a la cumbre, decidió ir a recoger la mochila y el maletín radio. En el momento que se los estaba ajustando a la espalda, escuchó un silbido que le era familia; sin hacer ninguna deducción, por instinto, se tiró al suelo cuan largo era. En unos segundos, la explosión impacto a pocos metros de él: (-"lo que nos faltaba, un mortero; ahora sí que es de león a mono; pero sin amarras"-) Y con ese discurrir, del que no pierde la confianza, se arrastró hacia la parte derecha, buscando mejor visión para localizar donde estaba aquel demonio. Ya casi a tres pies del despeñadero, percibió de nuevo el sonido, intentó adherirse al terreno, presentar el menor blanco posible; su temor no era el impacto directo, sino alguna piedra o metralla, pues no contaba con casco ni chaleco antibala. Al momento, como lo esperaba, se produjo el estruendo; experimentó la sensación de que todo temblaba en su derredor, trató de erguirse, salir de allí lo mas rápidamente posible; no pudo, la tierra cedió como cortada en mil pedazos, cayendo al vacío sin enterarse de que el obús, había detonado por debajo del filo donde se recortaba la montaña. En ese instante Henry que alcanzaba la cima, el estallido le hizo mirar hacia aquella parte, y aunque la vegetación dificultaba la visibilidad, logró ve como Toledo desaparecía mezclado en aquel mar de rocas.