La Conciencia - También es Gris ------ 26

Alrededor de las cuatro y media, el Agente se dirigió hacia la grabadora; él sabía que aunque el aparato trabajaba en ciclo lento, la cinta tenía que haber acabado. Al comprobar que efectivamente el cassette estaba en el final, llamó a Toledo y le ordenó que tuviera todo listo para regresar; él iba a bajar de nuevo a recoger el micrófono. Ni por un momento imaginó que esa decisión tan prematura de no esperar la noche, lo conduciría a la mayor aventura en que se vería envuelto; sería uno de los protagonistas del acontecimiento que crisparía los nervios de millones de seres. Inició el descenso; ahora portaba la metralleta y el cuchillo; lo demás lo había dejado empaquetado. Llegó al final del bosque, se puso en cuclillas y de manera lenta, por el mismo alambre, empezó halar el micrófono. Tenía ya recogido un poco de cable, cuando sintió que se trababa; considerando que era por alguna piedra pequeña, trató de ver desde la posición en que se encontraba; pero no pudo; entonces le dio leves tirones hasta que notó que la tensión cedía; lo había destrabado sin partir el fino cable de bocina. En ese momento el vigía de la torre, por esas casualidades que ocurren a diario, miraba hacía esa parte de la cerca cuando avistó una botella chocar contra el alambrado; pensó que era algo sin trascendencia: quién sabía desde que tiempo la habían dejado allí, tal vez algún animal que la moviera; pero estas razones no le valieron, y con aire de mando, llamó al patrullero para que fuera averiguar. Este al arribar hizo que el perro oliera la botella, y levantando la mirada, trató de reconstruir el camino por donde había rodado. Desde el instante en que el soldado apresuró su paso para dirigirse al lugar, Henry presintió que algo anormal sucedía, y parando toda acción, se dispuso a esperar. El guardia por rutina adelantó unos pasos; 30 pies adelante divisó algo negro, se acercó un poco más, y al advertir que era un objeto extraño, movió la mano en círculos. En segundos, un sonido fuerte, estridente, se dejó escuchar; varios soldados portando sus armas, en forma apresurada comenzaron a salir de las casetas. El Agente al oír la sirena supo que lo habían descubierto, y al ver al vigilante avanzar hacia el sitio donde se encontraba, analizó los pro y contra, y se dijo: (-"Es mejor ganar tiempo"-), y accionando la metralleta, le incrustó tres plomos en el pecho; en centésimas apretó de nuevo el gatillo; ahora el animal fue quien recibió los impactos, cayendo al lado del que fuera su acompañante. Con premura recogió todo el alambre, y lo guardó en los bolsillos junto con el micrófono. Desde la torreta un AK47 principiaba a despedir balas hacia aquella parte del bosque. Henry viendo que la cosa era de alejarse, se volteó para emprender la retirada, cuando sintió algo quemante penetrar en el hombro, pero no le hizo caso; el momento tenía otras prioridades, y con agilidad comenzó a escalar la montaña.

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