La Conciencia - También es Gris ------ 21
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El paisaje de la campiña comenzaba a revivir, mostrando en todo su esplendor las tonalidades verde azul del trópico caribeño. Cuando arribaron al borde del río Cuyaguateje. Toledo recorrió con la mirada el terreno, buscando el lugar más propicio para acampar; lo vio, era un bajo tupido por enredaderas, que se extendía desde el bosque hasta entrado unos pies en las aguas. Amparándose en las sombras que les proporcionaban los grandes arboles, se encaminaron hacia el sitio. Al arribar, sin pérdida de tiempo, ya que la claridad se patentizaba a cada segundo, Toledo desenvainó el machetín, y con certeros cortes fue desmochando los gajos; cuando hubo recorrido unos metros, se dio a la tarea de agrandar el laberinto, poniendo sumo cuidado en no talar muy arriba las ramas que servirían de techo. Al finalizar, limpió el espacio lo mejor que pudo. Henry, que había concluido en tapar la entrada, a rastras llegó hasta él; se veía sudoroso pero sin mostrar fatiga, no obstante el llevar horas de intenso trabajo.
El cubano, que no había tenido oportunidad de entablar un diálogo, aprovechó el momento para tener el primer gesto de confianza: —¿Qué te parece el hotel?— Tocando el hilo de agua que serpenteaba entre ellos, Henry le subió la parada: —No es como los de las Vegas o Miami Beach, pero por lo menos tenemos la piscina al alcance de la mano — Los dos rieron por la ocurrencia. El chiste en circunstancias normales, claro que no hubiera producido gracia; es mas, se podía catalogar como sin sentido, pero ellos, que tenían la vida en constante peligro, y los nervios controlados por voluntad, hacía que a veces las cosas pueriles resultaran divertidas, y en contraste las cómicas chocantes. Cuando se despojaron del peso que traían, abrieron con ayuda de los cuchillos dos raciones (K). Acabado de ingerir los alimentos, el Agente le pidió la fosforera de gas, y en unión de la suya las encendió, las colocó debajo del jarro que traía la cantimplora, y al notar que el agua estaba tibia, vertió en el interior un sobre de café instantáneo y dos terrones de azúcar; lo revolvió y después de probarlo, le pasó la vasija a Toledo, quien al saborear el néctar, se dijo: (-"Tipo raro, a quien se le ocurre en una misión como esta, traer café y azúcar"-).