La Conciencia - También es Gris ------ 15
La camioneta avanzaba a 60 millas por la carretera US1 rumbo Sur. En su interior los cuatro ocupantes se mantenían callados, sumidos en sus pensamientos. Minutos antes cuando Henry los recogió en el punto señalado, analizó las coartadas que cada uno tenía para salir de circulación por un tiempo; quedó complacido, todas aparentaban lógica.
Después de recorrer un buen tramo del camino, entraron en Cayo Marathón y doblando a la derecha, manejó hasta detenerse frente a uno de los muelles que abarrotaban la rada; se bajó y ordenándole a Papo y a Julián que lo siguieran, se encaminó hacia el corredor de tablas mas cercano. Cuando llegaron a la mediación, el Agente se detuvo, miró el barco que estaba atracado al muelle y sin más, de un salto subió abordo. Papo al ver aquella cosa, le susurró a su amigo: —¿Pero si es de pesca?— Julián detalló unos segundos el yate y encogiéndose de hombros: —Ellos saben lo que hacen— y de un brinco cayó sobre cubierta; el mecánico lo imitó presuroso. El Agente al verlos subir, les hizo señas para que lo acompañaran a la cabina, y ya en su interior, encendió una de las bombillas y se dedicó en el acto a registrar las gavetas. Por fin al encontrar lo que deseaba, se dirigió hacia una mesita, desplegó el mapa, de una ojeada lo interpretó, y marcando con la uña un puntico de la carta marítima, le indico a Julián: —Esta es la casa de seguridad. ¿Sabes donde es?— El botero un poco ofendido por la pregunta, pues el se consideraba no un viejo, pero si un lobo de mar, le respondió a secas: —Si —
De nuevo al timón, Henry continuó por la carretera en dirección Sur. Al llegar a la altura de un centro comercial, dobló entrando en el estacionamiento del super mercado; entre la gran cantidad de automóviles no tuvo problemas para divisar el camión, se dirigió hacia donde estaba, y parqueando al costado, le entregó dos llaves a Toledo: —Esta es la de la puerta— Y a modo de advertencia, le manifestó: —-Maneja con cuidado que ahí van los hierros—