La Conciencia - También es Gris ------ 14
cogió un poco de limpia-grasa, se frotó las manos y con un paño se las secó. Hecho esto, le preguntó: —¿Donde está?— Fueron hasta el coche; Papo diligente se puso frente al timón, le dio al encendido, y poniéndolo en marcha salieron a la calle. Cuando hubieron recorrido dos cuadras, un tanto genioso el garajista le dijo: —No le encuentro nada— —Sí, el auto trabaja bien, era sólo un pretexto para hablar contigo; necesitamos un mecánico y Félix me habló de ti, pero antes de entrar en detalles, deseamos conocer tu posición — Papo no pudiendo reprimir la sorpresa, pues hacía unos años estaba inactivo, preguntó: —¿Es para Cuba?— Y a continuación respondiéndose: —Si Félix está en esto, me imagino que son las tres letra— —Correcto— Le afirmó Henry. —Esta noche tendremos una reunión en la casa de él, los demás que van asistir tú los conoces— Sin interesarle el nombre de su interlocutor, solamente con los pocos datos que le había dado, no lo pensó dos veces, como buen revolucionario que sabe hay que avanzar constantemente sin entrar en muchos análisis: —Cuenten conmigo —
Por la noche se llevó a efecto la reunión. La casa se encontraba ubicada en una de las islas entre Miami y Miami Beach; presentes el anfitrión Félix Ismayo; en los círculos revolucionarios se comentaba desde hacía tiempo su retiró de toda actividad, aunque nadie dudaba de que seguía manteniendo sus nexos con la Agencia. Sentado, hojeando un manual de armas, Carlos Toledo, de complexión atlética, de ideales profundos, bien arraigados; no le importaba dónde si la lucha era contra el totalitarismo rojo. Había participado en varias infiltraciones a Cuba, también como comando en Centro América y África; su entrenamiento en sabotaje, inteligencia, judo, etc., lo caracterizaban como individuo muy peligroso para sus enemigos. De pie, mirando una de las pinturas sobre la chimenea Julián el botero, mote que en el léxico revolucionario señalaba a los capitanes de lancha que conducían a los grupos de infiltración y de comandos. Por último Papo el mecánico y Henry. La reunión transcurrió hasta la madrugada. Después que el Agente hablara en forma muy ligera, sin entrar en muchos detalles, los cubanos se enfrascaron en animada charla, recordando anécdotas que, aunque no viejas, ellos las estimaban así. El último en salir fue Henry, y ya con el motor del auto funcionando, Félix a través de la ventanilla le puso una mano sobre el hombro, diciéndole: —Es una lástima que no usemos a este material humano, para eliminar a esos hijos de perra que llevan tantos años en el poder— La expresión en aquel que lucía buenos modales y corrección, le causo extrañeza; pero enseguida comprendiendo que aunque llevaba muchos años trabajando para ellos, no sólo lo hacía por la democracia, sino en primicia por amor a su patria, Henry le respondió con toda sinceridad para no insultarle la inteligencia: —Si fuera por nosotros, hace rato que Cuba estaría libre, pero usted comprende— Dándole unos toquecítos en el hombro, Félix no lo dejó continuar. El Agente aprovechó, quitó el pie del freno y acelerando, se alejó de la hermosa residencia playera.