La Conciencia - También es Gris ------ 12

pasaron al salón contiguo. En este cuarto, el profesor le estuvo detallando por espacio de un cuarto de hora, como iba el entrenamiento; al finalizar, Roberto satisfecho por el progreso obtenido, le puso una mano en el hombro y con voz que patentizaba su aire de Don: — Hoy me voy a entrevistar con el Comandante, y le diré el gran empeño que te has tomado

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Mientras se producía la visita del alto jefe de inteligencia cubano a la base de enseñanzas encubiertas; a cientos de kilómetros de allí, en ciudad Panamá, Henry ya había entregado el segundo carro alquilado, y recogido el que dejara estacionado en la avenida Central; ahora se dirigía a la compañía de exportación e importación LADEXT, negocio que como tantos otros tenía la Agencia alrededor del mundo para sus labores de inteligencia. Al arribar estuvo adentro cerca de media hora, y de nuevo al volante, murmuró: —Unos días de asueto no vienen mal

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Esa mañana el calor se manifestaba con más intensidad que nunca: presentía que de un momento a otro aquel tugurio cogería candela, o caería calcinado bajo los implacables rayos del Sol. Henry miró el reloj del cafetín, marcaba las once y treinta, y de nuevo se llevó la botella de cerveza a los labios. Era el sexto día que se encontraba en el istmo; al amanecer lo había llamado el director de la compañía, para informarle que el contacto tenía mensaje, y ahora bajo aquella brasa ardiente lo esperaba. Por fin vio entrar al funcionario de la embajada, quien sin mirarlo pasó por su lado, y dirigiéndose hacia el mostrador, le pidió una soda al cantinero. Después de beberla preguntó por el baño; a los pocos minutos salió del lavatorio y atravesando otra vez por donde él estaba, se perdió tras de la puerta que conducía al parqueo. El Agente esperó un tiempo prudencial, y ya molesto por aquel horno, se dirigió al baño; cuando estuvo dentro metió la mano por debajo del tanque de agua; (-"el recinto olía a infierno"-), arrancó el papel, lo desdobló, y mientras iba leyendo, una sonrisa comenzó a dibujarse en su rostro. Cuando habló con el Dr. Dickinson, aunque pensó que el asunto era rutinario, algo más profundo le dijo que la misión no sería fácil. El viejo como hombre astuto y hábil en el manejo de sus agentes, siempre que encomendaba un trabajo en el cual tendrían que jugarse la vida a pecho descubierto, les hacía ver que antes se habían recorrido todos los caminos

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