La Conciencia - También es Gris ------ 10

Mientras se vestía, pensó en el descubrimiento de aquella aleación en forma de pintura, que aplicada a cualquier material, hacía que las ondas ultra cortas emitidas por los radares, en vez de rebotar se desviaran; era de un alto grado tecnológico, pues funcionaba hasta en los detectores de metal que tenían los aeropuertos. El no estaba muy empapado del proceso técnico, aunque deducía que los científicos se habían basado en la ley de la relatividad. Al acabar de vestirse, caminó hasta el tocador, cogió la pistola y la introdujo en la funda debajo del saco; la grabadora la colocó en uno de los bolsillos interiores; al tomar la linterna de nuevo la contempló detenidamente, y mientras la dejaba caer en la bolsa exterior de la chaqueta, recordó las instrucciones que le dieran en el cuarto de armas especiales: (-"Este cilindro de la linterna, es en realidad un disparador de alta velocidad; el proyectil es un diminuto dardo poco mas pequeño que la punta de una aguja de coser; la composición física es solida, pero parecida al plástico, y lleva en su interior el virus del cáncer y de la hepatitis, su alcance efectivo es a tres metros de distancia. El sujeto que reciba el impacto, sólo sentirá la leve picada de un mosquito, en 24 horas el dardo se desintegra, con un proceso de incubación de uno a dos meses. Nosotros aquí en el laboratorio lo llamamos invisible de medio año; al que le entre no dura mas que eso. Recuerda, son pocos los agentes que lo tienen, así que no olvides, sólo se debe usar en casos específicos y cuando las circunstancias así lo requieran"-) Henry al salir del hotel, caminó dos calles abajo donde tenía el segundo auto que había alquilado, lo puso en marcha, y se dirigió hacia la carretera que conectaba con la Panamericana; cuando hubo recorrido unos siete kilómetros, se desvió entrando en una bifurcación del camino, apagó el motor, y como el que tiene todo el tiempo del mundo, se dispuso a esperar. Había transcurrido casi una hora, cuando escuchó el ruido de un motor que se acercaba, consultó su reloj, el digital marcaba las ocho y cuarto; ya la oscuridad se acentuaba por momentos. Abrió el maletín, extrajo los espejuelos infrarrojos y se los puso; ahora podía ver mejor los contornos, aunque de un color violeta rojizo. Salió del carro, caminó hacia la cuneta y se agachó a pocos pies del coche. El auto que llegaba se detuvo frente al de él. A través de la ventanilla pudo reconocer al chofer; era el mismo de la fotografía. Éste descendió del vehículo y elevando la voz: —He amigo, ¿tiene problemas con la batería?— En el acto el agente respondió: —Si, parece que son las placas— El hombre comenzó a caminar hacia el auto, diciendo: —O el ácido— —Buenas noches— El individuo se sobresaltó, no esperaba que el contacto saliera por detrás Ya dueño de él: —Ustedes los de las tres letras siempre desconfiados

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