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Teresa Saavedra Pérez era una de las tantas alegres y simpáticas jóvenes que residía en Sancti Spíritus, ciudad ubicada en el centro de la Isla, y que fue fundada por los colonizadores españoles en el año 1514 como la cuarta villa de Cuba. |
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La vida de esta joven mujer que pertenecía a la Agrupación de Estudiantes Católicos transcurría entre el asistir a su trabajo e ir a la Iglesia, entre otras actividades de su edad en una forma normal; pero al tomar el poder Castro en el año 1959, Teresa desde esos primeros momentos se dio cuenta del camino comunista de la revolución, y se opuso a que su Patria fuera totalitaria. Para nadie era un secreto, que Teresa estaba en contra de la comunización de Cuba. |
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Con la confianza que le había demostrado su novio al comentarle que él también estaba contra del comunismo, Teresa le contó que ella ayudaba a los campesinos alzados enviándoles comida y ropa, y ahí esta joven mujer selló su destino.
En poco tiempo el G2 la detuvo y fue llevada a la ciudad de Santa Clara, y allí, en la sede de la Seguridad del Estado bajo potentes reflectores y palabras soeces comenzaron hacerle fuertes interrogatorios. No habían pasados 48 horas de estar en ese tétrico centro del G2, cuando en la aislada celda que estaba confinada se le apareció su novio, y sin ningún signo humano este sujeto se le lanzó encima, y con una bestialidad digna de que sea descrita por Dante, le quitó la ropa y la violó. Casi no había terminado este salvaje su canallesca acción, cuando se aparecieron otros dos esbirros, y pese al llanto, las suplicas de Teresa, también la ultrajaron como animales que eran.
A la semana pusieron en liberad a Teresa, y ya en Sancti Spiritus con un dolor indescriptible, le contó a unas amigas lo que le había sucedido.
No había pasado mucho tiempo y el G2 se presentó de nuevo en su casa, y Teresa llena de pánico, con el terror que le producían los recuerdos de la violación, y los brutales interrogatorios, corrió hacia su cuarto, cogió un pomo de alcohol, se roció el cuerpo, encendió un cerillo, y al momento todo su cuerpo esta cubierto en llamas.
Teresa Saavedra aun moribunda pudo recibir la Extremaunción del sacerdote Gratiano perteneciente a su congregación.
Al entierro de esta otra mártir cubana asistieron cientos de sus compatriotas para darle cristiana sepultura, y en repudio al régimen socialista totalitario comunista.