Isla de Pinos, la segunda isla de mayor extensión territorial de La República de Cuba, ubicada al sur de la provincia de La Habana, desde finales de la década de 1930 tenía erigida en sus predios una de las cárceles de Cuba.
Ahora, a partir de 1959, el régimen comunista había comenzado a enviar a cientos de Prisioneros Políticos a dichas edificaciones, llegando ya en el año 1961, llenar sus circulares con miles de estos estoicos combatientes por la Democracia. Allí, entre sus paredes, murieron presos políticos debido a despiadadas golpizas, otros dejados morir en huelga de hambre, y varios asesinados en los campos cercanos, cuando se encontraban en el llamado "Plan Agrícola de Trabajo Camilo Cienfuegos".

El calor, era principio de julio de 1963, enrarecía la atmósfera dentro del penal de Isla de Pinos; por sus pasillos, varios gendarmes lo recorrían sacando de sus celdas a Prisioneros Políticos, de los cuales, algunos llevaban casi dos años hacinados en esa tristemente bien llamada ergástula de la infamia comunista. Cuando ya tenían reunido a mas de veinte, le comunicaron que los iban a llevar para otra Prisión.
El traslado de estos hombres, que habían sido hecho prisionero cuando formaban parte de las heroicas Guerrillas Campesinas del Escambray, y que juzgados bajo la metodología marxista cumplían prisión, tuvo como destino la ciudad de Santa Clara.
Tan pronto los presos arribaron a Santa Clara, capital de la antigua provincia de Las Villas, fueron introducidos en camiones, y bajo la estrecha vigilancia de soldados y milicianos comunistas, emprendieron la marcha hacia el Condado, poblado enclavado en el municipio de Trinidad.

Al llegar al Condado, zona donde el gobierno marxista tenia en su haber cientos de campesinos y obreros fusilados, o ejecutados con el inefable tiro en la nuca, hacinaron a los presos en una barraca.
No habían pasado mucho tiempo desde que se encontraban en aquella edificación, cuando los esbirros comunistas los comenzaron a torturar. Los sacaban de uno o dos y, estando amarrados los golpeaban en forma brutal, a la vez que le decían: "Gusano , vende patria, confiesa que tu participastes en la muerte del compañero Conrado Benitez, de Eliodoro, de ...... etc., etc.".
Aquel inhumano interrogatorio, despiadada metodología utilizada por regímenes despóticos, totalitarios a través de la historia, que indudablemente son cuestionables para obtener objetivas confesiones, continuó por días.
Y así, padeciendo esas brutales torturas, llegó el día 12 de julio de ese año 1963. Por la noche, los oficiales comunistas que estaban al mando de los más de quinientos, entre soldados y milicianos que custodiaban a los prisioneros, se constituyeron en tribunal. El juicio fue rápido, ya todo estaba acordado, pena de muerte para veinte y uno, y años de cárcel para los otros.
Ipso facto montaron en un camión a los condenados al paredón de fusilamiento, ya era el 13 de julio, y la horrenda caravana partió con su carga de muerte.
Al llegar a la Finca La Ceiba *, sin
dilación los bajaron del transporte, y en grupo de tres o
cuatro los amarraban a unos postes, para a la voz de: "PREPAREN,
APUNTEN, FUEGO", ir cegando la vida de aquellos patriotas que
habían formado parte de las democráticas guerrillas
campesinas del Escambray.
Terminado el fusilamiento en masa, otro más de la
desafortunada relación que comenzó desde los primeros
días de Enero de 1959, tiraron los cuerpos en un
camión, y partieron rumbo a Santa Clara. ¿Donde reposan
los restos de estos luchadores por la libertad de Cuba?; lo
único que se puede aseverar es, que los enterraron en una fosa
común.