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La Virgen de la Caridad del Cobre |
Señor Papa has elegido visitar a mi país ahora que es un punto gris entre páginas de olvido. Si lo tienes decidido tu eclesiástica misión, no permitas que un matón te envuelva entre sus intrigas. Cuando vayas, no bendigas los muros del paredón. Entra por la capital hecha de muros de rejas, donde se caen las viejas piedras de la Catedral. No vayas al Cacahual para no verte pigmeo, que allí un zapatero ateo usando un rojo martillo, quiere colocar un grillo en la estatua de Maceo. Si vas a Pinar del Río, que es mi guajiro instituto, verás lágrimas de luto en las pencas del bohío. Allí, en las noches de frío, hubo más de un fusilado, hasta un cura desterrado que entre huérfanos y viudas, trato de aliviar las crudas tristezas de aquel pasado. Pídele a los asesinos sordos al llanto y las quejas, que te lleven a la vieja prisión de Isla de Pinos. y al volver de esos caminos con los zapatos tiznados por los huesos calcinados, alza tu cruz a la brisa y hazle en el Morro una misa, a todos los fusilados. Llega a Matanzas, balcón de eclesiástica morada, por donde fue traicionada la histórica invasión. Lánzale la bendición con tus dos brazos divinos, que allí, bajo verdes pinos aun vas a encontrar calientes, los cadáveres valientes de Bahía de Cochinos. Penetra por Varadero que entre arenales esconde un bello paraíso, donde sólo vive el extranjero. Ve y acércate al estero bajo el ala de la brisa, entra por la mar promisa con tus dos plantas descalzas que un panteón de hombres y balsas te están pidiendo una misa. Entra al Escambray, sagrada cordillera que se pierde sin luz, un sombrero verde con el ala ensangrentada. En más de una tumba aislada verás claveles abiertos y los celajes despiertos te darán en esta cita, toneles de agua bendita por tantos hombres muertos. Llega a Camagüey, la fragua de antiguas generaciones, donde, hasta los tinajones tienen mas llanto que agua. Allí entre cruces de yagua se eleva más de un panteón porque en su hermosa región, Fidel triple Mao Se Tun, le hizo a los jóvenes un campo de concentración. Si vas al Oriente pobre, que hoy amordazado grita y te inclinas en la Ermita de la Caridad del Cobre, alza tu mirada sobre los florecientes pensiles y vas a ver los fusiles de la cárcel de Boniato, donde un ejército ingrato hiere a pechos juveniles. Si el viaje lo haces así y no te manchas la ropa, vas a regresar a Europa de la mano de Martí. Y cuando llegues allí bañado de luz y miel le dirás al Cristo fiel que tiene en tu retablo “Estuve en casa del Diablo pero no pacte con él” J.A.T.
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